William se ha mudado con ella, y su hermana nos ha invitado a mi marido y a mí a visitarlos. La primera vez que vi al prometido de su hermana, me quedé boquiabierta.

Clara y yo siempre hemos estado muy unidas desde niñas, y los caminos de la vida nos acercaron aún más. Ella se trasladó a Madrid para estudiar en la universidad y allí se quedó; encontró un empleo y alquiló un piso. A pesar de la distancia, jamás perdimos el contacto. Venía a casa durante las vacaciones y hablábamos a menudo por teléfono. Cuando cumplí veinte años, me casé y tuve una hija. Hace apenas un año, mi esposo y yo decidimos mudarnos a Madrid y, por casualidad, alquilamos un piso en el mismo barrio donde vivía Clara.

Clara, que ya tenía veintisiete años, había estado sola todo ese tiempo. Aquello siempre me sorprendió, porque es una mujer muy atractiva. Sin embargo, hace poco anunció que por fin había empezado a salir con alguien. Recibí la noticia con verdadera alegría y le rogué que me presentara al elegido. Ella respondió con cierto misterio, diciendo que todavía no era el momento.

El encuentro se produjo aproximadamente un mes después. Gonzalo se mudó con ella y su hermana nos invitó a mi marido y a mí a cenar en su piso. La primera vez que vi al prometido de ella, me quedé perpleja. Parecía mucho mayor de treinta años, con una expresión marcada como si su rostro estuviera familiarizado con el abuso del vino. Tenía aspecto descuidado, casi como si fuera un indigente. Mi marido y yo cruzamos miradas de asombro. Más tarde supe que Gonzalo estaba desempleado y apenas había terminado la Enseñanza Secundaria Obligatoria.

No lograba comprender por qué mi hermana, tan educada, guapa e inteligente, había terminado con alguien así. Intenté hablar con ella sobre lo que me inquietaba, pero se puso furiosa y me pidió que no me metiera más en su vida. Incluso expresó su deseo de tener un hijo con él, lo que me inquietó profundamente. La mera idea de que pudiera tener un hijo con un hombre de esas características me resultaba desagradable. Me costaba aceptar su decisión, pues por muy diferentes que sean los gustos de las personas, aquello no tenía sentido para mí.

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MagistrUm
William se ha mudado con ella, y su hermana nos ha invitado a mi marido y a mí a visitarlos. La primera vez que vi al prometido de su hermana, me quedé boquiabierta.