¿Vivir en casa ajena? ¡Pues paga el alquiler!
No sé si la boda de mi hija se va a celebrar. Todos estamos disgustados, se han peleado. Y el futuro yerno está fuera de sí. Faltan apenas dos semanas para el enlace y no para de montar escenas. No sé cómo va a acabar esto, me da mucha pena por mi hija se lamenta Carmen.
¿Por qué discutís?
No te lo vas a creer, es por un piso. Queríamos alegrarles la vida a los chavales, así que reunimos todos nuestros ahorros y compramos un piso para regalárselo por la boda. Hasta tuvimos que vender la casita que teníamos en la sierra de Madrid y el garaje para que llegara el dinero. El piso lo pusimos a nombre de mi hija. Pero vamos, que si se van a casar, ¿qué más da a nombre de quién esté?
Eso mismo pienso yo…
Mi marido y yo lo vemos igual. El piso, claro, está vacío, sin nada. Hace falta reformarlo entero y amueblarlo, pero ya no nos queda ni un euro. Mi marido le propuso al futuro yerno que entre todos hiciésemos la reforma, a ver si pueden mudarse cuanto antes. ¡Y el chico se niega a reformar el piso!
¿Por qué?
Porque dice que no es suyo. No quiere invertir en algo que no está a su nombre. Nos soltó que, si queremos, hagamos nosotros el arreglo. Que si acaso, él puede comprar cosas pequeñas, pero que no piensa gastarse mucho dinero.
Entonces que se muden tal cual, aunque esté sin arreglar.
No se puede, el piso está vacío y hay que cambiar la instalación eléctrica, la fontanería, igualar suelos y paredes. Las ventanas son antiguas, pueden caerse de un momento a otro. Hace falta, al menos, una reforma mínima para poder vivir dignamente dice Carmen.
Yo también pienso que no se puede vivir así, aunque no sea muy exigente. ¿Cómo esperan que dos jóvenes comiencen aquí su vida juntos? Da hasta vergüenza. Mi futuro yerno trabaja en una multinacional, tiene un buen sueldo, pero no quiere gastarse ni un céntimo porque dice que prefiere ahorrar para comprar algún día un piso propio y no quedarse en la calle.
Lo que quiere es vivir a nuestra costa. Quiere que paguemos nosotros el arreglo. Así que le dije: Si piensas que este piso es de otro, pues paga alquiler. Y va y se ríe, y acepta suspira Carmen.
¿Y tu hija qué dice?
Está muy nerviosa, no para de llorar. Le quiere mucho, pero no podemos poner el piso también a su nombre. Ahora dice que ya no quiere ni el piso ni la reforma. A mí no me parece bien que un hombre no quiera invertir nada en su familia. ¿Qué será de ellos más adelante? Ni siquiera se han casado y ya piensan en un posible divorcio y en repartir lo que tienen comenta Carmen llena de preocupación.
¿Tú qué opinas? ¿Crees que mi futuro yerno debería invertir en la reforma del piso? Al final va a vivir ahí, a tener hijos, a empezar su vida. ¿Importa tanto de quién sea oficialmente? ¿O crees que, desde su punto de vista, tiene lógica? ¿Tú qué harías en su lugar?






