Mira, hay ciertos tipos de personas con las que, sinceramente, es imposible relacionarse. No conozco a mucha gente a la que le apetezca aguantar a esas personas que ahora llamamos tóxicas. Te voy a contar un caso de una amiga mía, y te lo cuento según lo viví a través de los ojos y sentimientos de ella.
Tengo bastante buena relación con una tía mía, somos bastante cercanas. Siempre hablamos con confianza y nos hacemos visitas de vez en cuando. Pues el otro día, fui a casa de Inés a tomar un café. Llevé una tarta y todo, muy a la española.
Pero al llegar, vi que había pillado el peor momento, porque Inés ya tenía visita. Resulta que estaba con su vecina, Carmen. Una señora mayor que tiene el vicio de beber más de la cuenta. Se gasta la pensión en vino y siempre anda buscando quién se apunte a una copita, porque no le gusta beber sola. Carmen es de las que se mete en todas partes, muy pesada, de verdad.
Intento evitar a Carmen porque es que me saca de quicio. Habla sin parar y dice lo primero que le viene a la cabeza, sin controlar un poco. Así que siempre que me toca cruzármela, intento ser lo más fría posible con ella. Ya estaba pensando en marcharme, pero Inés insistió en que me quedase. Total, tampoco iba a estar mucho rato. Mientras ponía el agua a calentar, Carmen empezó con su “retahíla”.
No todo el mundo aguanta ese tipo de persona. A mí siempre consigue hacerme pasar de la risa al enfado en un minuto. Inés, no sé por qué, tiene debilidad por esas cosas. Si yo estuviera en su lugar, a esa vecina no la dejaría cruzar el umbral de casa.
Decidí que me marchaba cuanto antes. Estaba harta de escuchar tonterías. Luego, Inés me contó lo que pasó tras irme. Llegó otra amiga suya a visitarla. Al principio todo fue tranquilo, pero claro, Carmen empezó a meter baza.
La cosa llegó tan lejos, que Inés y su amiga casi acaban discutiendo fuerte.
No te lo imaginas, Carmen consiguió ponernos tan nerviosas que estuvimos a punto de pelearnos. Nunca me había pasado algo así…
Ahí entendí de verdad lo que significa que alguien sea tóxico. Carmen es el ejemplo perfecto. Consigue que una bronca surja de la nada. Y es que todos los vecinos la evitan, nadie quiere encontrársela. Sólo Inés le aguanta las tonterías.
Pero, poco a poco, Inés empezó a abrir los ojos. Me lo explicó luego:
Fíjate, Helena y yo somos amigas de toda la vida. Llevamos años juntas, hemos pasado de todo. Y ahora resulta que Carmen es una experta en enfrentarnos… Nos pusimos a discutir por tonterías. Luego le pregunté a Helena cómo se sentía y me dijo que era como si nos hubieran hipnotizado. Es alucinante, ¿no?
Al final, Inés se dio cuenta de la realidad. No se puede ir por la vida intentando llevarse bien con todo el mundo. Hay personas de las que es mejor mantenerse alejada. Y yo, la verdad, me di cuenta de que tengo suerte con mis vecinos. En mi portal, todos son tranquilos y majos.
Más tarde, Inés me avisó de que Carmen se había mudado. Ha puesto el piso en venta y ahora vive con su hija, porque tenía problemas familiares. Desde entonces, el edificio está tranquilísimo. Ya ves, a veces basta una sola persona para complicarles la vida a muchos a la vez.
El entorno es vital. Ojalá que todo el mundo tenga familia y vecinos normales, porque no hay suficientes nervios en el cuerpo para aguantar a tanto personaje.





