Una hermosa reflexión… que deja sin palabras

Una bella reflexión que deja sin palabras

Había una mujer, Carmen Álvarez, que llevaba años viviendo mal con su marido, Juan Martínez, en un piso antiguo de Salamanca. Un día, Carmen sufrió un paro cardíaco y estuvo al borde de la muerte. En ese instante, se le apareció un ángel que le anunció que, tras valorar sus buenas y malas acciones, aún no podía entrar en el cielo. Le propuso volver al mundo durante unos días para completar las buenas obras que le faltaban. Carmen aceptó y regresó a casa, junto a Juan. Él ni siquiera le dirigía la palabra; llevaban demasiado tiempo distanciados.

Carmen pensó:
Debo reconciliarme con este hombre. Lleva meses durmiendo en el sofá, hace tiempo que no le cocino. Ahora mismo está planchando su camisa para ir a trabajar voy a darle una sorpresa.

En cuanto Juan salió al trabajo, ella se puso a lavar y planchar toda su ropa. Preparó su guiso favorito, adornó la mesa con flores frescas y unas velas, y dejó una nota sobre el sofá:

«Creo que dormirías mejor en la cama que una vez fue nuestra. La misma en la que, por amor, nacieron nuestros hijos. Aquella cama donde tantas noches nos abrazamos buscando consuelo y sintiendo la cercanía del otro. Ese amor sigue ahí y nos espera. Si puedes perdonar todos mis errores, ven a buscarme allí.»

Tu esposa

Tras escribir la última frase, Si puedes perdonarme todos mis errores, dudó:
¿Estoy loca? ¿Tengo que pedirle yo perdón? ¡Fue él quien venía lleno de rabia a casa, después de quedarse sin trabajo en la fábrica y de no encontrar nada! Yo tenía que apañarme con lo poco que quedaba en la cuenta bancaria, soportar sus enfados y encima sacar fuerzas para cuidar de los niños. Se le dio por la bebida, no se movía del sillón y callaba a los pequeños cuando solo querían jugar. Me gritaba solo por decirle que no podíamos seguir así. Lo fue destruyendo todo ¿y ahora tengo que disculparme yo?

Enfadada, rompió la nota. Justo entonces escuchó la voz del ángel:
Recuerda: unos cuantos buenos actos más y llegarás al cielo. Si no, no podrás entrar.

Lo pensó:
¿Merece la pena?
Y decidió volver a escribir, esta vez poniendo aún más cariño:

«Entonces no entendía nada. Ni vi tu miedo el día que perdiste tu empleo después de tantos años de seguridad. Tendrías que estar muy asustado. Recuerdo tus planes para cuando nos jubilásemos juntos. En vez de apoyarte, te empujé a hacer taxista, sabiendo que lo detestabas.

Recuerdo la noche en que destruí tus cartas de amor y quemé las telas de tus cuadros. Me molestaba que te encerrases a pintar o que gastaras dinero en pinceles, o en escribirme poemas. Tenía que haberte ayudado a vender los cuadroseran preciosos. Yo también tenía miedo. Solo me sentía a salvo cuando trabajabas en la fábrica. No quise ver tu sufrimiento.

Perdóname, mi amor. Te prometo que, desde hoy, todo será distinto. Te quiero.»

Tu esposa

Cuando Juan regresó de trabajar, enseguida notó que algo había cambiado. Se colaba el olor irresistible de la comida, las velas encendidas sobre la mesa, su música favorita inundando la estancia, y la nota en el sofá.

Carmen salió de la cocina con la bandeja y lo vio llorando desconsoladamente. Dejó el plato a un lado y lo abrazó. No hacía falta decir nada. Lloraron juntos mucho tiempo. Él la levantó en brazos y la llevó a la cama. Se amaron con la misma pasión que el primer día.

Más tarde cenaron juntos, riendo al recordar anécdotas de la infancia de sus hijos. Cuando Carmen se quedó sola en la cocina recogiendo los platos, vio al ángel a través de la ventana, en el pequeño jardín del patio andaluz. Salió corriendo y, entre lágrimas, le rogó:

Por favor, ángel, déjame quedarme un poco más. Quiero ayudarle a volver a pintar, quiero reconstruir lo que destruí. Te prometo que pronto él será feliz. Entonces me iré contigo.

El ángel le respondió:
No necesito llevarte a ninguna parte. Ya estás en el cielo. Te lo has ganado. Solo recuerda el infierno en que vivistey no olvides que el cielo suele estar más cerca de lo que imaginas.

En ese momento, escuchó la voz de Juan desde dentro:
Cariño, hace frío, ven a la cama. Mañana será un nuevo día.

Carmen pensó:
Sí gracias a Dios, mañana habrá un nuevo día.

Para reflexionar:

Tú, que te quejas de lo que no recibes, ¿te has parado a pensar cuánto das tú mismo?
Tú, que sufres, ¿has pensado cuánto sufrimiento causas a los demás?
Tú, que señalas la ignorancia de otros, ¿te miraste al espejo?
Tú, que juzgas los errores de los demás, ¿ves los tuyos?
Tú, que presumes de ser buen amigo, ¿lo eres contigo mismo?
Tú, que protestas por lo que te falta, ¿te fijas en lo mucho que posees?
Tú, que criticas el mundo, ¿has hecho algo por mejorarlo?
Tú, que sueñas con el cielo, ¿cuánto has hecho por aliviar el infierno ajeno?
Tú, que presumes de humildad, ¿eres realmente humilde?
Tú, que condenas el mal, ¿fomentas el bien?
Tú, que te lamentas de la indiferencia, ¿das amor tú?
Tú, que temes la pobreza, ¿sabes aprovechar lo que tienes?
Tú, herido por las espinas, ¿has plantado rosas?
Tú, que temes la oscuridad, ¿enciendes la luz?
Tú, centrado solo en ti, ¿cuidas de los demás?
Tú, que te crees pequeño, ¿intentas crecer?
Tú, que temes la soledad, ¿acompañas a alguien?
Tú, que temes la enfermedad, ¿conservas la salud?
Tú, que ansías paz, ¿desarmas los conflictos?

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Una hermosa reflexión… que deja sin palabras