**Una Familia de Corazón**
El divorcio había aplastado a Lucía como una apisonadora. Había adorado a su marido y nunca esperó aquella puñalada trapera. Pero él la traicionó, y con su mejor amiga. En un día, perdió a dos personas en quienes había confiado su corazón. Su fe en los hombres se derrumbó. Antes, cuando oía eso de que “todos los hombres engañan”, se encogía de hombros: “Mi Antonio no es así”. Ahora, la traición la consumía por dentro, y juró no volver a abrir su alma a nadie.
Lucía criaba sola a su hija, Alba. Su exmarido pagaba religiosamente la pensión, veía a la niña de vez en cuando, pero sin ganas de ser padre. Lucía había aceptado su destino: la soledad hasta el final. Incluso encontraba en ello un amargo consuelola vida sin hombre le parecía más sencilla. Pero al destino le encanta romper planes.
En el cumpleaños de una compañera de trabajo en una cafetería de Madrid, Lucía conoció a Javier, el hermano de la cumpleañera. Él también había pasado por un divorcio y, para su sorpresa, su hijo, Hugo, vivía con él y no con su madre. Javier le explicó: el chico había elegido a su padre, mientras que su exmujer, absorta en una nueva relación, no protestó. Un adolescente solo estorbaba.
Aquella noche despertó en Lucía un calor olvidado. Como una chiquilla, sintió mariposas en el estómagouna emoción que no conocía desde hacía años. Tampoco Javier quedó indiferente. Ambos, marcados por sus divorcios, temían nuevos sentimientos, pero una chispa había saltado entre ellos, imposible de ignorar.
Javier consiguió el número de Lucía a través de su hermana y, armándose de valor, la llamó. Evitando la palabra “cita”demasiado ridícula a su edad, simplemente propuso verse para charlar. Eligieron un acogedor bar de tapas, hablando hasta que el dueño los echó. Hubo otro encuentro, y otro
Un día, Alba se quedó con su padre, y Lucía invitó a Javier a su casa. Después de aquella noche, supieron que no querían separarse. Su amor, tierno y maduro, parecía una redención frente al pasado. Pero había un obstáculo: sus hijos.
Ambos tenían adolescentes. Hugo, el hijo de Javier, era un año mayor que Alba. Caracteres, aficiones, amigos diferentes. Al principio, Lucía y Javier se conformaban con verse, a veces con los hijos, pero comprobaban con amargura que Alba y Hugo no solo eran indiferentesapenas disimulaban su antipatía.
Tras año y medio, Javier no aguantó más. Le pidió matrimonio a Lucía. La amaba tanto que se sentía de nuevo un chiquillo, pero quería una familia de verdad, no como la de su primer matrimonio. Los encuentros a escondidas ya no le bastaban. Lucía, asombrada, aceptó. Ella también soñaba con dormir junto al hombre que amaba, preparar el desayuno juntos, ver películas por la noche.
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