María está decidida a no mostrar emociones, especialmente delante de su marido, Javier, que siempre espera que mantenga la compostura en cualquier circunstancia. Busca tranquilidad, aunque no tiene claro qué le depara el futuro. Muchos matrimonios en España acaban en divorcio cuando los sentimientos se apagan y la vida idealizada que aparece en las portadas de las revistas resulta inalcanzable.
Cuando el divorcio se vuelve inevitable, María encuentra trabajo en un supermercado, en el turno de noche. Pero surge un gran problema: tienen un hijo pequeño, Diego, que necesita atención constante. Aunque lo apunta a una guardería municipal, esta cierra a las siete de la tarde y ella no tiene con quién dejarle después de esa hora.
Ante la falta de opciones, María le pide a Javier que cuide de Diego después de las 19:00, mientras ella trabaja. Pero Javier rechaza fríamente la propuesta, como si no fuera responsabilidad suya, y le pregunta por qué tendría que cuidar él de su hijo en vez de ella. María, sorprendida y dolida, respira hondo y responde con firmeza que ambos son padres, con las mismas obligaciones y derechos, y que él también debe dedicar tiempo a su hijo. Además, le recuerda que está obligado a pagar la pensión alimenticia, pero deja claro que no va a ceder ni un minuto extra de su tiempo solo para complacerle; su prioridad es quedarse con el niño.
A pesar de la dificultad de la situación, María encuentra la manera de compaginar el trabajo y la maternidad. El camino es duro: sufre altibajos emocionales, crisis de ansiedad y problemas físicos causados por el estrés. Cuando se da cuenta de que no puede seguir así, busca ayuda médica. La excusa del médico, que asegura que Javier ha descuidado a su hijo para centrarse en su nueva familia con su actual esposa, le sorprende y hiere profundamente. Javier ve incluso a su propio hijo como un obstáculo en su nueva vida, ofreciéndole sólo el apoyo económico mínimo y muy poca implicación personal.
Finalmente, María se ve inmersa en una pequeña guerra emocional en la que el egoísmo y la falta de principios de Javier terminan perjudicando a su hijo. Para María, aquel matrimonio siempre fue un enigma, y aún trata de comprender los motivos del comportamiento de su exmarido, especialmente en lo que respecta al niño. Sin embargo, se niega a dejar que la actitud de Javier marque su destino. Aprende a superar las adversidades, decidida a dar a Diego el amor y el cuidado que merece, al tiempo que se esfuerza por forjar un nuevo futuro para ambos.




