Una amiga no celebra Nochevieja y yo la comprendo. Le explico mis motivos.

Mi amiga Inés lleva ya cinco años sin celebrar Nochevieja. No compra abeto de Navidad, no decora su piso, ni cuelga luces en el balcón. Inés ni siquiera se molesta en preparar una cena especial ni en comprar regalos para sus familiares o amigos. Cuando la gente se entera de su postura hacia las fiestas, muchos se quedan realmente sorprendidos. No es que Inés sufra de tristeza, ni padece ninguna enfermedad, tiene familia y amigos; simplemente, un día decidió que no volvería a festejar esa fecha y ha mantenido su decisión durante cinco años. Para ella, el 31 de diciembre es sólo un día más en el calendario. No intenta convencer a nadie de que su camino es el correcto, tampoco tiene intención de cambiar de opinión.

Al principio, Inés temía estar sola en Nochevieja. No tenía pareja, sus padres se encontraban fuera esa noche, y sus amigas celebraban la entrada de año en grupos ruidosos. Así que se encontró sola en casa, pero aquella noche no ocurrió nada terrible. Llamó a todos sus seres queridos con antelación para felicitarles, se preparó una buena cena y se relajó en un largo baño caliente. Aquella noche, por primera vez, comprendió el verdadero sentido del famoso refrán español: Como entres al año nuevo, así lo pasarás. En vez de desgastarse cocinando y limpiando, no se agobió, no sintió prisas por cumplir expectativas, y logró descansar de verdad sin la necesidad de compañía, ni una copa de cava.

Después de las fiestas, Inés descubrió además otra ventaja: su estrategia le ayudó a cuidar su bolsillo. El árbol, los adornos y las cenas navideñas pueden costar bastante, pero eliminando la fiesta del calendario, ese gasto se reduce fácilmente.
Además, al no tener que cocinar ni limpiar a fondo, y al ahorrarse las horas delante del espejo buscando el vestido perfecto, ganó tiempo y energía. Es muy común en España que las anfitrionas estén más cerca de la medianoche agotadas, pensando sólo en descansar, sin ni siquiera poder soñar con lo que el nuevo año traerá.

Dejó también de preocuparse por los regalos. Ya no se ve apretujada entre multitudes en El Corte Inglés ni gastando toda su nómina en detalles para una larga lista de familiares y amigos. Si uno suma lo que se gasta en obsequios para la gran familia española, a veces sale más rentable marcharse unos días a Canarias o Andalucía. Cualquier día se puede transformar en fiesta, y el final del año es buen momento para reposar y pensar en el futuro.

Los argumentos de Inés convencen a muchos de sus allegados que la escuchan hasta el final, aunque sólo unos pocos se atreven a preguntar por qué no festeja, la mayoría juzga enseguida, imaginando que quizá no tiene dinero o le pasa algo malo.

Pero Inés no escucha a los que la critican. Si algún día tiene hijos, quiere celebrar con ellos, decorar el árbol y comprarles regalos, pero para ella, su manera de vivir la celebración no cambiará. En España, decidir cuándo y cómo despedir el año y recibir el nuevo es una decisión muy personal. Si te apetece, puedes hacer de cualquier día una fiesta.

En mi caso, tenemos un gran grupo de amigos para Nochevieja y me gusta preparar la velada, pero comprendo perfectamente a Inés. Si algún año me quedara sola, no me pondría a llorar en la almohada, preferiría pasar el día tranquila, descansando y relajada, igual que ella.

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Una amiga no celebra Nochevieja y yo la comprendo. Le explico mis motivos.