UN REGALO ESPECIAL

Yo les contaré una historia que ocurrió en la madrugada de Navidad, en un pequeño pueblo de la provincia de Toledo.

Una mujer, María del Carmen García, cometió un error terrible. Al principio creía que todo iba bien. Se calzó unas botas gruesas parecidas a las de los soldados, se puso un abrigo de paño y una gorra de lana. Se subió al volante de su todoterreno y se dirigió a la casa de una joven que consideraba una molestia.

María del Carmen tenía un único hijo, a quien había dado a luz cuando ya era mayor. Vivieron juntos treinta años, y ella amaba a su hijo con una pasión desbordante. Trabajó sin descanso, acumuló una buena fortuna para él. El joven, llamado Juan, conoció en la residencia universitaria a una chica llamada Cayetana y, poco después, a su bebé.

María del Carmen sospechaba que Cayetana, a quien ella llamaba la intrusa, no buscaba nada más que arrebatarle a su hijo y quedarse con su patrimonio. Decidió ir a su casa y averiguar dónde vivía. Pensó que la ahuyentaría o la sobornaría, pero su verdadero objetivo era apartar a Cayetana de Juan, que ya hablaba de casarse.

Su rostro era tan severo como el de un bulldog, con arrugas marcadas y una mirada que ardía como la de un perro de los Baskerville. Era una mujer corpulenta, semejante a una estatua en la Plaza de la Constitución.

En el camino compró unas manzanas, unas peras y una sonajera para el niño, porque aun siendo Navidad necesitaba algo para iniciar la conversación. Llamó a la puerta, entró como un ciclópe, se quitó las botas y el abrigo, y saludó a la joven con cortesía. Apenas estaba a punto de iniciar su discurso, notó el carricón del bebé.

El pequeño, llamado Pablito, temblaba de miedo y de repente soltó una carcajada tan alegre que María del Carmen se estremeció. El niño tomó la sonajera con su manita y empezó a mover los pies descalzos como si bailara, mientras la agitaba sin apartar la vista de la mujer. Sus ojos azules brillaban de admiración.

María del Carmen, sin pensar, lo tomó entre sus brazos. Pablito, como si sintiera un impulso, la abrazó con fuerza, le dio golpecitos en la frente con la sonajera y empezó a balbucear: ¿Quién es este pequeño angelito? ¿Quién es este dulce bombón? Su corazón se fundió en un torbellino de dulzura y calor.

Pablito no dejaba de mirarla con ojos enamorados, y el perfume del bebé, puro como el de los niños, llenó la habitación. María del Carmen, sorprendida, se sintió tan atraída que estaba dispuesta a entregarlo todo por aquel niño. Las lágrimas tibias le corrían por las mejillas.

Al día siguiente, María del Carmen obligó a Juan a casarse, aunque él no obedecía sus órdenes. Finalmente aceptó unir su vida con Cayetana y Pablito, pero bajo la condición de que vivieran en la enorme casa familiar. Ella no se inmiscuía demasiado, y la pareja llevaba una vida tranquila.

Sin embargo, toda la atención de María del Carmen quedó absorbida por Pablito; no podían estar el uno sin el otro. Su amor era evidente y profundo.

Así, una mujer cometió un error terrible, o tal vez no lo fue tanto. Al final, encontró su regalo de Navidad de la manera más inesperada. La Navidad es un día especial, y los regalos también lo son.

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UN REGALO ESPECIAL