Querido diario,
Hoy he presenciado algo realmente inesperado mientras las lluvias torrenciales azotaban el parque natural de Doñana. Un lince ibérico, ese símbolo tan nuestro y tan protegido, fue arrastrado por la corriente brutal del río Guadalquivir y comenzó a hundirse ante la mirada atónita de todos nosotros.
Los guardas forestales, en cuanto recibieron el aviso, reaccionaron con rapidez y valentía. No dudaron en lanzarse al agua para rescatar al pobre animal, sacándolo con mucho esfuerzo y cuidado de la crecida peligrosa.
Después llevaron al lince a una zona segura, alejándolo del peligro. Tras examinarlo, decidieron sedarlo levemente para poder trasladarlo tranquilamente de vuelta a su entorno natural, una vez aseguraron que no corría peligro inmediato.
Me quedé pensando en la poca probabilidad que tendría el animal de sobrevivir si lo hubiesen dejado a su suerte en ese estado tan débil. Es muy probable que otro depredador, o incluso el hambre, hubiera acabado con él. Al actuar así, los guardas no solo demostraron amor por la naturaleza, sino que le han dado a este lince una oportunidad de seguir adelante, oportunidad que jamás habría tenido sin su intervención. Me siento orgullosa de pertenecer a una cultura que valora y protege su patrimonio natural con tanta dedicación.




