Un gatito aterido de frío y con carita poco agraciada apareció en una tienda pidiendo ayuda

Un pequeño y discreto gatito apareció frente a la tienda de alimentación del barrio, como si hubiera llegado solo o alguien lo hubiera dejado allí. La diminuta bolita de pelo, una hembrita, se movía de un lado a otro, encogiendo las patitas y temblando de frío y humedad. Pero su lastimoso miau no conmovía a los transeúntes: su carita estaba llena de costras, tenía los ojitos entrecerrados y el pelo del cuello y las orejas muy pelado. Nadie sabía cómo había llegado hasta allí, pero el aspecto era realmente triste.

Las dependientas de la tienda la dejaban entrar para resguardarse del frío y hasta le pusieron unas gotas antiparasitarias, aunque aquello apenas sirvió de ayuda. Cada día, la gatita volvía a la tienda como si tuviera reloj y no dejaba de pedir mimos y caricias, suplicando que la cogieran en brazos.

El frío del invierno se acerca y la pequeña ya tiembla con apenas -5 grados; está claro que no sobreviviría a los -15 o -20 de pleno enero. Una de las dependientas, recordando que el verano pasado rescatamos un gatito que también apareció junto a esa tienda, nos llamó de nuevo para pedir ayuda.

Al llegar a recoger a la gata, comenzó a dar vueltas entre nuestros pies y alrededor del transportín, como si supiera que esa era su última oportunidad de no quedarse en la calle. Se ponía de pie sobre las patas traseras, nos abrazaba con su colita y hacía todo lo posible para ser adorable.

Solo viendo la foto, resultaba evidente que la pequeña tenía sarna. Por suerte, la enfermedad no estaba avanzada y respondía bien al tratamiento. Un par de aplicaciones de Stronghold o Inspector solucionaron el problema con rapidez.

En cuanto entró en la casa de acogida y sintió calor y cariño, la gata no dejó de ronronear y buscar caricias todo el tiempo. Los primeros días no hacía más que comer y dormir, turnando una cosa con la otra.

El nombre salió solo: Patatita. Y es que la gata es redondita, algo irregular y, aunque al principio no era muy guapa, resultaba terriblemente simpática. Ese estado duró poco: tras dos tratamientos, Patatita se transformó en una preciosa gata de ojos grandes.

El pelo de las orejas y las patas aún está creciendo, pero solo es cuestión de tiempo. Patatita ya está apuntada para la esterilización y poco a poco se convierte en una gata sana, cuidada y absolutamente encantadora.

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