Un encuentro inquieto entre dos corazones

Hoy subí al autobús en la parada de la Gran Vía, como debía. Solo quedaba libre un asiento, junto a un hombre que aparentaba unos años más que yo. Apenas le presté atención al principio; tenía por delante siete horas de viaje hasta Valladolid, donde viven mis padres, y la cabeza revuelta con mil problemas que necesitaban solución urgente.

Me acomodé y el autobús arrancó. Al poco rato, comencé a percibir un ligero aroma a almizcle y a café recién tostado. Era tan intensamente amargo y agradable que, de repente, me invadieron los recuerdos.

El verano, el calor abrasador en Salamanca cuando tenía diecisiete años, y junto a mí mi novio favorito, Álvaro, siempre con ese inconfundible olor. Nos tumbábamos sobre la hierba al lado del río Tormes, nos besábamos bajo el cielo estrellado, y Álvaro me susurraba una y otra vez que siempre estaríamos juntos, que jamás me dejaría. Fue mi primer amor: fuerte, apasionado. Le quise tanto que hubiese abandonado incluso mis estudios en la universidad, todo por estar a su lado.

Pero el destino se interpuso. Álvaro hizo el servicio militar en Zaragoza y nunca volvió conmigo; allí conoció a una chica y se casó. A mí me dejó con el corazón en mil pedazos. Nunca más quise saber de otros chicos; después de aquellos diez años, seguí queriéndole, a pesar de su traición.

Por un momento, giré distraído la cabeza hacia el hombre de mi lado. ¡No podía ser! Moreno, ojos azules, nariz afilada y labios carnosos, alto. Se parecía tanto a Álvaro que el corazón empezó a latirme deprisa.

Perdona, ¿no te llamas Álvaro, verdad? dije titubeando al muchacho.
No, soy Jaime contestó él, girándose con una sonrisa amplia al verme.
Era increíble lo mucho que se parecía a quien durante tanto tiempo habitó mi memoria.
¿Y tú cómo te llamas?
Yo… por un instante me quedé sin palabras. Conseguí recomponerme. Me llamo Inés, encantada.
Encantado, Inés. Tienes un gran parecido con una chica que conocí…
¿Sí? ¿A cuál?

A mi primer amor, la única, claro. Nuestra historia acabó mal; me dejó por otro, y durante diez años no he logrado olvidarla. Ahora te veo aquí, así de pronto, y no lo puedo creer Jaime hablaba con sinceridad y las mejillas algo encendidas por la emoción y los recuerdos.
Es curioso, a mí me pasa lo mismo. Me recuerdas muchísimo a mi primer amor, justo de hace diez años. ¿Será posible que ocurran estas cosas?
Inés, ¿te parece si nos damos los números y seguimos en contacto?
Por supuesto.

Empezamos a conversar. ¿Quién puede saber cómo acabará nuestra historia? Quizá el destino sí concede segundas oportunidades, aunque sean con personas increíblemente parecidas a esos amores que nunca supe olvidar. Al final, me doy cuenta de que la vida, a base de tanto coincidir y cruzar historias, nunca deja de sorprenderme. Tal vez no existen las casualidades.

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