Un día mi esposa y la nueva compañera se cruzaron por casualidad. ¿Cómo acabó ese encuentro?
Mi mujer y yo nos separamos hace ya varios meses y desde entonces vivo alquilado un piso en el centro de Madrid. Mantuvimos una relación cordial y, aunque ya no éramos pareja, seguimos compartiendo ciertas responsabilidades. Hace poco más de un mes, mi exesposa llegó al apartamento a primera hora de la mañana porque necesitaba recuperar unos archivos de nuestro portátil.
Aquella mañana no estaba solo; estaba con una chica encantadora, mucho más joven que mi exesposa. Habíamos empezado a vernos antes de que se dictara el divorcio.
Al entrar mi exesposa, la nueva chica salió del baño envuelta en una sola toalla, su figura esbelta dejaba entrever la incomodidad del momento. Al pasar junto a mi esposa, le dirigió sin pensarlo:
Buenos días, Carmen.
Buenos días, Laura.
Ambas se quedaron paralizadas un instante; luego la joven, sonrojada, soltó:
Pues, ahora creo que ya no le doy el visto bueno.
Las dos estallaron en carcajadas y yo, como un tonto, solo podía observar la escena. Al día siguiente, Laura recibió el acceso que necesitaba sin más contratiempos.
Ahora paso las noches preocupado, temiendo que ellas acaben también siendo amigas. ¿ Debo inquietarme tanto o confiar en que las cosas acabarán bien?
Al final, la lección es clara: la sinceridad y el respeto mutuo son el mejor escudo contra los enredos inesperados.





