Un día estaba buscando unos documentos y, al encontrarlos, mi mirada se posó en los papeles relacionados con nuestro piso; algo en ellos me sorprendió y me enfadó mucho, porque

Hoy necesito vaciar mi corazón a estas páginas, porque siento que no puedo hablarlo todavía con nadie más. Los padres de Estrella nos regalaron para nuestra boda algo que jamás imaginé: un piso en pleno Madrid. Nos entregaron las llaves oficialmente y nos hicieron sentir que ya éramos los propietarios, aunque aclararon que era una vivienda de nueva construcción, adquirida aún en estado de obra. Mi suegra comentó que, puesto que ellos nos daban el piso, mis padres deberían ayudarnos con la reforma. Ellos, que ya nos habían dado una buena cantidad de euros como ayuda inicial, aceptaron colaborar también.
Tras el enlace, decidimos empezar la reforma de inmediato. Mi padre, gracias a que es albañil, se encargó de comprar todo lo necesario, y yo me convertí en su ayudante, aunque a veces Estrella se animaba a echar una mano. En ocasiones también aparecía mi suegro para ayudar.
Nos pareció prudente no alquilar el piso hasta terminar la reforma, así que seguimos viviendo en casa de los padres de Estrella para ahorrar dinero.
Hace unos días, buscando unos papeles en el escritorio, encontré la carpeta del piso y me detuve en los documentos. Me sorprendió algo que me dejó sin aliento: ¡la propietaria era mi suegra!
Esa noche, debía ir con mi padre a comprar materiales para el baño, pero le pedí retrasarlo hasta el día siguiente. Le expliqué lo que descubrí y que necesitaba hablarlo a fondo.
Cuando llegué a casa, decidí preguntar directamente mientras todos estaban presentes:
¿Por qué el piso está a nombre de tu madre y no de Estrella? solté sin rodeos.
¿De verdad necesitas preguntar? Claro, para no herir a nuestra Estrella me respondió mi suegra, con ese tono que esconde mucho más.
¿Cómo? ¿Y eso qué significa?
Simplemente que podrías divorciarte de ella y pensar en reclamar la mitad de nuestro piso dijo, a la ligera.
¿”Nuestro”? ¿Crees que es justo que mi padre y yo hagamos la reforma, gastando tanto como medio piso? ¿Y por qué presupone que nos vamos a divorciar? ¡Si recién estamos casados!
Mamá, te he pedido muchas veces que pongas el piso a mi nombre intervino Estrella, casi en un susurro.
¿Así que sabías de todo esto? me giré hacia ella, desconcertado.
No es tan simple… Lo sabía, pero le he insistido a mamá para que me lo pusiera a mi nombre.
¡Vaya inicio perfecto para nuestro matrimonio, Estrella! ¡Con una mentira!
Han pasado ya varios días desde que volví a casa de mis padres. No sé qué camino seguir. Estrella intenta hablar conmigo, pero sigo dándole vueltas. No esperaba tanta mezquindad por parte de su familia, aunque quizá sea algo habitual entre padres…
¿Y ahora qué hago?

Rate article
MagistrUm
Un día estaba buscando unos documentos y, al encontrarlos, mi mirada se posó en los papeles relacionados con nuestro piso; algo en ellos me sorprendió y me enfadó mucho, porque