Tengo 70 años, tres hijos y nietos. Toda mi vida soñé con tener una hija, y luego la vida me sorprendió.

Hace poco cumplí 70 años. Mi esposa, lamentablemente, no pudo estar conmigo en su día; falleció antes. En la celebración me rodearon mis tres hijos, sus esposas y mis nietos. Siempre había soñado con tener una hija, así que ahora les pido a mis hijos que me den una nieta. Ellos me aseguran que están en ello.

A la mañana siguiente, fui al cementerio de la Almudena a visitar la tumba de mi mujer. Allí me encontré con la esposa de un viejo amigo mío. Resultó que mi amigo también había muerto hace poco. Nos pusimos a charlar, recordando nuestra juventud. Nos sentamos en una cafetería cerca de la plaza Mayor y ella comenzó a preguntarme:

¿Te acuerdas de aquella chica de Castilla con la que salías? ¿Por qué no seguisteis juntos?
En aquellos tiempos era diferente. Sus padres querían que se casara con un castellano, pero yo soy andaluz.
¿Has contactado con tu hija?
¿Qué hija?
Sí, con tu hija. Se llama Alba. Tu amiga, en cuanto supo que estaba embarazada, la enviaron al pueblo. Cuando supo que te casaste con otra, no te contó nada.

Volví a casa muy inquieto, pensando cómo les diría a mis hijos que quería buscar a mi hija perdida. Temía que me juzgaran por este deseo, pero me apoyaron sin dudar; dijeron que siempre soñaron con tener una hermana. Así que juntos empezamos la búsqueda. Resultó que mi hija castellana vivía en Barcelona. La búsqueda fue más sencilla, ya conocíamos su nombre y apellidos. En aquel entonces estaba enfermo y creía que lograría encontrarla pronto.

Una semana después me desperté en mi habitación, al lado de un hombre que me dijo:
Has hecho bien, lo lograste.
Tenía que hacerlo, busco a mi hija. Todos me esperan en casa.
Por cierto, he notado que tu familia no puede dispersarse aquí. Los médicos se quejan de que tus parientes se reúnen cada día bajo la ventana. Ahora mismo están allí.

Él me ayudó a llegar a la ventana. Mis hijos, sus esposas, mis nietos, una anciana y su hija estaban bajo ella, y una niña preciosa, con el pelo negro, corría de un lado a otro.
¡Amigo, esa es mi nieta! ¡Tengo una nieta!

Hoy sé que nunca es tarde para reparar el pasado y que el cariño familiar es el mayor tesoro, mucho más valioso que cualquier euro que pudiera poseer en mi vida.

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Tengo 70 años, tres hijos y nietos. Toda mi vida soñé con tener una hija, y luego la vida me sorprendió.