27 de octubre de 2024
Hoy cumplo 45 años y ya no recibo visitas en mi piso de la zona de Salamanca. Cada vez más personas llegan a casa ajena sin recordar que son invitados; se creen dueños, dan órdenes y ni siquiera se apresuran a volver a sus hogares.
Yo solía ser muy hospitalario, pero eso cambió cuando pasé de los cuarenta. Decidí que ya no invitaría a nadie. ¿Para qué? Resulta molesto tener a esos “invitados” que no respetan nada.
Mi último cumpleaños lo celebré en un restaurante del centro de Madrid. Me encantó la idea de no preocuparme por la mesa, la vajilla ni el postre; pienso seguir haciéndolo siempre. De ahí que quiera explicar por qué prefiero comer fuera.
Organizar una fiesta en casa cuesta un ojo de la cara. Una cena sencilla puede exigir varios cientos de euros; si se trata de una cena de Navidad, la cifra sube aún más. Los presentes acuden con modestos regalos, porque los tiempos son duros, y luego se quedan hasta bien entrada la noche. Yo solo quiero relajarme, no verme rodeado de montones de platos por lavar y la casa por ordenar.
Hoy espero a nadie en mi apartamento. Limpio y cocino solo cuando me apetece. Antes, después de las fiestas navideñas volvía a casa cansado y abatido; ahora, tras la Navidad, me tomo un baño largo y me acuesto temprano.
Disfruto de mi tiempo libre y lo empleo con sentido. Mis amigos pueden pasar a tomar un café, y no me preocupa no tener dulces a mano. Ahora puedo expresar mis ideas sin reservas. Cuando quiero descansar, simplemente señalo la puerta de salida. No es la escena más pintoresca, pero no me obsesiona. Mi bienestar es lo primero.
Lo más curioso es que quienes disfrutan ir de casa en casa rara vez invitan a otros a la suya. Para ellos es más fácil atender a los demás sin perder tiempo limpiando ni cocinando.
¿Yo sigo recibiendo a los visitantes? Prefiero decir que ya no soy el anfitrión que era; ahora me considero un hombre que valora su propio espacio y tranquilidad. La lección que saco de todo esto es que la hospitalidad no tiene por qué costar la paz interior.






