Te dije que te detuvieras después del tercer hijo. Incluso te compré pastillas especiales, con la esperanza de que te hicieran pensar dos veces en lo que estabas haciendo. Pero parece que todos mis esfuerzos han sido inútiles.
¿Cuántos hijos más piensas tener? preguntó mi suegra, Carmen, con una ironía punzante en su voz.
Mejor no uses ese tono. ¿Estás tan molesta porque Pedro te contó sobre mi embarazo? respondió Almudena, tratando de mantener la calma.
¡Por supuesto que estoy molesta! Te advertí que te detuvieras después del tercero. Hasta te compré esas pastillas que venden en la farmacia, con la esperanza de que reflexionaras. Pero veo que todo fue en vano se lamentó Carmen, su rostro lleno de insatisfacción.
Comprendemos tu postura, pero no queremos ir contra lo que sentimos contestó Almudena, con serenidad.
¿Os estáis riendo de mí? Pues olvidaos de mi ayuda gritó Carmen, en un estallido de rabia.
Almudena iba a responderle, pero de repente el teléfono comenzó a sonar, interrumpiendo el tenso momento.
Carmen nunca se había implicado verdaderamente con sus nietos. No los llevaba al parque, ni pasaba tiempo con ellos, y sólo les traía regalos y chucherías en sus cumpleaños. Económicamente, Pedro y Almudena eran totalmente independientes. Cuando Almudena quedó embarazada por tercera vez, su suegra insistió en que abortara, pero la pareja se negó. Al final, Carmen terminó encariñándose con su nietecita. ¡Y entonces, Almudena volvió a quedarse embarazada! La mujer intentaba no dejar que su relación tensa con la suegra afectara la armonía familiar, mientras su marido y los niños fueran felices.
Pedro tenía un trabajo bien remunerado, mientras Almudena trabajaba a media jornada desde casa. Cuando su pequeño negocio empezó a crecer, pudo contratar a una asistente para que la ayudara con los niños. Todo marchaba perfecto, si no fuese por el carácter de Carmen. Desde el principio, nunca le gustó Almudena, y hasta deseaba que su hijo se separara. Pero sus esperanzas se desvanecieron. Comenzaron a llegar los niños, uno tras otro.
Según Almudena, la oposición de su suegra al cuarto embarazo responde al temor de que todo el dinero de Pedro se destine a la familia, y no a los caprichos de Carmen. Antes vivía con holgura: su hijo le pagaba los tratamientos dentales privados, la enviaba a balnearios, y hasta le reformaba el piso. Ahora, su suegra siente que va a perder esos privilegios. ¡No soporta la idea de tener que privarse de algo! Carmen se enfurecía ante la posibilidad de tener que decirse a sí misma que no.
Almudena intentaba esquivar el veneno constante de su suegra, aunque no podía negar que aquello le afectaba el ánimo. Sin embargo, era poco probable que Carmen pudiera influir en la decisión de su hijo y su nuera. ¡Ellos tendrían a su cuarto niño!
¿Cómo se trata a una madre que se entromete en la vida de sus hijos de esta manera?







