Mi suegra me rechaza, y quien suyfre es mi hija. ¿Dónde está la justicia?
Miro a mis conocidas y me doy cuenta: pocas tienen una relación cálida con sus suegras. En mi caso, es peor. No es solo tensión, es un abismo infinito y helado. Podría aceptar que ella no me soporte, pero ¿cómo justificar que ese rechazo caiga sobre mi hija—su única nieta? Me destroza profundamente, sin un atisbo de lógica.
Con sinceridad, tampoco siento cariño por ella. No discutimos abiertamente, no hay escándalos—solo evitamos cruzarnos, como sombras en mundos opuestos. No muestra interés en nuestra vida, llama solo a su hijo, mi marido, y a mí solo cuando él no contesta. Su voz suena fría, pregunta solo por él, sin importarle cómo está la niña. Es como un cuchillo clavándose en el pecho.
Hace tres meses nació mi hija. En ese tiempo, mi suegra—llamémosla Carmen Fernández—solo lo visitó tres veces, viviendo a penas cincuenta minutos de nuestro pueblo, Valdeperales. La primera vez fue al salir del hospital. Entró, soltó un “enhorabuena” vacío, se sentó quince minutos y se fue con excusas. Ni siquiera tocó a la bebé, diciendo que le daba miedo—¿acaso una mujer que crió a su hijo puede ser tan indiferente? ¿No siente el impulso de abrazar ese pequeño milagro?
Un mes después, pidió fotos. Mi marido se las envió, pero Carmen no volvió. En sus mensajes, decía adorarla: “¡Qué niña más preciosa!”. Palabras al viento, mentiras efímeras.
Hace poco fue su cumpleaños. Fuimos—no podía faltar el compromiso. Esa noche, tomó a la bebé un instante, solo para una foto falsa, y acto seguido me la devolvió: “Tómala, no puedo con ella”. El corazón me estalló de rabia. ¿Una abuela tan fría?
Al llegar a casa, vacía y con un nudo en la garganta, vi su publicación: “Con mi nieta favorita”. ¡Qué hipocresía! Las lágrimas quemaban mis ojos de impotencia.
Mis amigas escucharon mi dolor. Unas negaban: “Ninguna abuela actúa así”. Otras la disculpaban: “Es mayor, tal vez tiene miedo”. Pero nada calmaba el grito dentro de mí. ¿Dónde está la justicia si mi hija sufre por su indiferencia?






