Se fue, y mejor así — ¿Cómo que “el abonado no está disponible”? ¡Si hace cinco minutos hablaba con…

10 de mayo. Madrid

¿Cómo que «el móvil está apagado o fuera de cobertura»? ¡Pero si hace cinco minutos estaba hablando con alguien! exclamó Pilar, de pie en medio del recibidor mientras apretaba el teléfono contra su oído.

Miró de reojo la cómoda.

La cajita donde guardaba sus joyas seguía en su sitio. Sin embargo, la tapa no estaba del todo cerrada; había algo en su postura que le resultaba extraño.

¡Ramón! llamó hacia el fondo de la casa. ¿Estás en el baño?

Pilar se acercó despacio a la cómoda. Al rozar la madera barnizada una corriente fría le recorrió la espalda: la cajita estaba vacía. Completamente.

No quedaba ni el recibo de la joyería que usaba de marcapáginas.

Con las joyas, también había desaparecido su dinero. Bueno, a decir verdad, ella misma se lo había dado

Madre mía suspiró mientras resbalaba hasta sentarse en el suelo. ¿Cómo ha podido pasar esto? Si ayer discutíamos sobre el color del salón Me prometiste que este agosto iríamos a la costa

Y pensar que todo empezó de lo más común. En junio del año pasado a Pilar se le averió el piston de su Cuca, un utilitario modesto.

En el taller le dieron un presupuesto desorbitado, y furiosa, decidió buscar ayuda en un grupo de Facebook: Ayuda Coche Madrid.

Chicos, ¿alguien sabe si puedo liberar el pistón de freno yo sola si está atascado?, escribió, adjuntando una foto de la rueda sucia.

Llegaron comentarios enseguida. Unos aconsejaban ni se te ocurra tocar nada si no sabes, otros recomendaban comprar la pieza entera.

Entonces apareció un mensaje de un tal Ramón85:

Señorita, no les haga caso. Cómprese un bote de WD-40 y un kit de reparación de unos treinta euros.

Quítese la rueda, suelte el pistón con el pedal, pero cuidado de no sacarlo entero.

Límpielo todo bien y engrase.

Si el cilindro está bien, le irá perfecto.

A Pilar le pareció un consejo sensato y sin pretensión.

¿Y si el cilindro tiene picaduras?, respondió.

Entonces solo te queda cambiarlo. Pero por la foto, el coche parece cuidado. Si tienes dudas, escríbeme por privado.

Así fue como empezaron.

Ramón resultó ser muy entendido en mecánica.

En una semana la asesoró con el cambio de aceite, elección de bujías, e incluso le advirtió sobre qué refrigerante evitar.

Pilar se sorprendía esperando sus mensajes.

Oye, Ramón, eres mi salvador, de verdad le escribió a finales de julio. He pensado ¿quedamos para un café? O un vino, ahora que tengo presupuesto gracias a ti.

La respuesta no llegó de inmediato. Tardó casi tres horas en aparecer en la pantalla del móvil.

Pilar, me encantaría. De veras. Pero ahora estoy de viaje por trabajo. Muy lejos, casi extranjero.

Vaya respondió sorprendida. ¿Tan lejos?

Más lejos, imposible. No quiero engañarte. Me caes muy bien, de verdad. No estoy de viaje. Estoy en prisión. Centro Penitenciario Soto del Real, por si te suena.

El móvil se le cayó al sofá. Un pinchazo le subía por el pecho.

¿Un preso? ¿Ella, una contable con buen puesto en una empresa de Alcalá, llevaba dos semanas escribiéndose con un delincuente?

¿Por qué? tecleó con los dedos temblorosos.

Artículo 248. Estafa. Hice una… tontería, me liaron y caí. Me queda menos de un año. Si quieres, borra nuestro chat, lo entiendo.

Pilar no contestó. Le bloqueó, y pasó tres días como en trance. En el trabajo preguntaban si estaba enferma.

No paraba de pensar:

¿Por qué? ¿Por qué uno tan listo, tan manitas y buena gente acaba ahí?

Al cabo de una semana, vio un aviso en su correoRamón le habló para pedirle una dirección. No lo borró de sus contactos, solo cerró el chat.

Pilar decía el mensaje. No me enfado. Lo esperaba. Eres buena persona, y te mereces a alguien mejor que yo.

Solo quería darte las gracias. Estas dos semanas han sido lo mejor de los últimos años. Sé feliz. Adiós.

Pilar leyó esto sentada en la cocina, y rompió a llorar. Le dio pena él, y sobre todo, de sí misma y de lo injusta que podía ser la vida.

¿Por qué todos tienen suerte y yo solo doy con casados, o con niños de mamá, y el único decente está entre rejas?se preguntaba una y otra vez.

No contestó tampoco esa vez.

***

Intentó ir a citas, pero no conectaba con nadie.

Un tipo le habló toda la noche de sus sellos, otro apareció con las uñas negras y le propuso pagar a medias en la tasca.

En marzo, el día de su treinta y cinco cumpleaños, Pilar se sintió especialmente sola.

Por la mañana, le llegó una notificación.

¡Feliz cumpleaños, Pilarita! escribía Ramón. Sé que no debería molestarte, pero no me he podido aguantar. Ojalá te vaya todo bien.

Te mereces que te cuiden como a una reina.

He hecho una tontería con miga de pan y alambre Si pudiera, te lo regalaría.

Solo quiero que sepas que hoy, aquí en la sierra, un tipo está brindando por ti con un té malísimo.

Gracias, Ramón respondió al fin. De verdad, me has alegrado el día.

¡Has respondido! contestó él al instante, casi eufórico. ¿Cómo estás? ¿Tu Cuca aguanta el frío?

Y así recomenzó todo.

Ahora hablaban todos los días. Ramón llamaba cuando podía.

La voz le sonaba grave, agradablemente áspera.

Le contaba su vida: cómo creció con su hermano, cómo ahora cuida de los sobrinos, su deseo de empezar de cero.

No volveré a mi ciudad, Pilar decía mientras ella preparaba la cena. Allí tengo amigos de los de antes, acabaría mal de nuevo.

Quiero irme a un sitio donde nadie me conozca. Tengo manos, me cogerán en cualquier obra o taller.

¿Adónde quieres ir? preguntaba Pilar, aguantando la respiración.

A Madrid, contigo. Alquilo una habitación o un estudio barato; solo para saber que respiras el mismo aire en la ciudad.

Y ya veremos. No quiero agobiarte, que conste

Para mayo, Pilar estaba completamente enamorada.

Sabía cuándo tenía revisión médica, cuándo era su día de ducha, cuándo tocaba taller.

Le enviaba paquetes: té, bombones, calcetines gordos, piezas para manualidades.

Ramón, por favor, acaba tu condena tranquilo le pedía. No te metas en líos.

Por ti, vida mía, iré de puntillas decía riendo. En abril soy libre.

Te espero.

***

En abril, Pilar fue hasta Soto del Real. Le compró chaqueta, vaqueros y deportivas nuevas.

Su corazón latía a mil.

Cuando lo vio aparecer, bajito pero fuerte, el pelo muy corto con canas, se quedó helada.

Era diferente de la foto.

Pero cuando sonrió y dijo:

Bueno, jefa, ya estoy aquí ella se le tiró al cuello.

Estás vivo susurró, hundida en su mejilla áspera.

¿Y adónde iba a irme? la abrazó fuerte. Qué bien hueles a esas flores de tu colonia

Se fueron directos a casa.

La primera semana fue de ensueño. Ramón arregló el grifo del baño, arregló la cerradura atascada de la puerta vieja.

Por la noche charlaban en la cocina, con un vino semi-dulce, y él le contaba anécdotas de la otra vida, esquivando temas duros.

Escucha, Ramón le dijo al décimo día. Ibamos a buscarte piso, pero aquí hay sitio. Y te ahorrarás para tus herramientas y empezar.

No me parece bien contestó él frunciendo el ceño mientras removía el café. Un hombre tiene que tener su casa, no estar a la sopa boba.

Ya basta le cortó ella, tapando su mano con la suya. Ya te saldrá empleo y entonces todo cambiará.

Ayer llamó mi hermano murmuró de pronto, evitando mirarla. El niño, mi sobrino, está grave. Hay operación. Necesitan dinero.

Me lo pide como favor, y yo en la ruina, ya ves. Me da vergüenza, Pilar. Es mi familia.

¿Cuánto necesitan? preguntó con cautela.

Pues bastante cinco mil euros. Pero algo han conseguido entre todos.

Estoy por irme a Barcelona a trabajar de peón, allí pagan bien y lo junto rápido.

Pilar no dijo nada. Esa misma cantidad la tenía desde hacía años guardada en su joyero, privándose de mil cosas.

Iba a renovar la cocina, poner plato de ducha e incluso cambiar las baldosas

Yo tengo ese dinero susurró.

Ramón levantó la cabeza de golpe.

¡Ni se te ocurra! Es tuyo, no lo acepto.

Es tu familia. Ya me lo devolverás. Somos pareja.

Él protestó dos días, serio y malhumorado, hasta empezó a fumar de nuevo en la terraza a escondidas.

Al final, Pilar sacó el dinero y lo puso sobre la mesa.

Toma. Ve a tu hermano. O envíalo.

Prefiero llevárselo personalmente le abrazó. Hablo con él sobre trabajos por la zona. Igual me sale algo fijo.

En dos días vuelvo, lo prometo…

***

Pilar seguía sentada en el recibidor una hora después. No sentía las piernas.

Esa noche la recordaba: una comedia absurda en la tele, Ramón riendo y abrazándola; nunca se había sentido tan feliz.

Saldré tempranito pasado mañana le dijo antes de dormir.

Pero se marchó antes. Dormía tan profundo que no notó su ausencia.

Creyó oír la puerta, pero pensó que serían los vecinos.

A las dos llamó al móvil que era de su hermano, el que le había dado por si acaso.

¿Diga? una voz grave.

Hola, soy la amiga de Ramón. ¿Ha llegado hoy?

Silencio. Luego, un suspiro pesado.

Señorita, ¿qué Ramón? Mi hermano se llama de otra manera, y sigue en prisión; le quedan seis meses. Sale en octubre.

A Pilar casi se le va la cabeza.

¿Cómo que octubre? Si yo misma le recogí en abril, en Soto del Real.

Mire el tono empezaba a impacientarse. Mi hermano, Alejandro, está en otro módulo.

Ramón Ramón era otro recluso, mi antiguo compañero de celda. Salió hace dos meses.

Me robó el móvil, copió todos los contactos.

Usted será otra víctima. Es un artista en esto.

Carrera de ingeniero, mucho don de palabra.

Pilar dejó el móvil en el suelo. Recordó cómo le había enseñado a poner las bujías.

No las aprietes demasiado decía él. Si te pasas, te cargas la rosca.

Pues la he liado susurró Pilar. Me la he cargado enterita. La vida y la cabeza por confiar.

Comprendió que nada sabía en realidad de su supuesto compañero. Nunca había visto su DNI, ni ningún papel de libertad.

¿Y si ni siquiera se llamaba Ramón?

***
Por supuesto fue a la policía a denunciar. Mostró la foto y aún más detalles sorprendentes le contaron sobre su Ramón.

Su nombre sí era Ramón, y eso era lo único cierto.

Había cumplido condena por delitos mayores y media vida tras rejas la conoció estando en su tercer ingreso.

Pilar se persignó, cambió todas las cerraduras y pensó, a fin de cuentas, que había tenido suerte. Si lo comparaba con las anteriores víctimas de aquel hombre

Este golpe me enseñó lo importante que es confiar, pero también poner límites. Por muchas oportunidades que demos, no todo el mundo las merece. Y sobre todo, que nunca hay que dejarse arrastrar por las apariencias ni el deseo de creer en cuentos improbables. Hoy lo escribo y lo tengo claro: mejor sola que mal acompañada.

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MagistrUm
Se fue, y mejor así — ¿Cómo que “el abonado no está disponible”? ¡Si hace cinco minutos hablaba con…