Quiérete a ti misma, y todo irá bien
La lluvia arrecia tras los ventanales, el viento sacude las ramas de los árboles y esa melancolía también habita en el corazón de Carmen. Sentada sola en el enorme salón de su chalé en las afueras de Salamanca, siente que lo tiene todo y a la vez, nada, porque está sola. Tiene marido, Ricardo, pero una vez más, se ha marchado al caer la tarde por trabajo, y ella sabe perfectamente a qué se refiere con esa excusa.
Su hijo ya hace tiempo que se independizó; vive en un barrio de Valladolid con su mujer y sus chiquillos. La hija, desde hace años, reside cerca de Santander. Allí terminó la universidad, se casó con un chico cántabro y están criando a una hija con la misma complicidad y cariño que Carmen deseó para ellos.
Hoy, Carmen ha hablado con su hija por teléfono.
Mamá, ¿qué te pasa?insiste Lucía. Te noto triste, ¿ha ocurrido algo?
No, hija, de verdad, todo está bien. Cuéntame, ¿cómo os va por ahí? ¿Y mi nietecita preciosa?
Todo genial, mamá. Carlos está entregado al hospital, ya sabes cómo andan los cirujanos, siempre de guardias. Vuelve a casa agotado, pero no se queja. Dice que es su vocación. Paula está a punto de empezar la guardería. Crece y da cada día más alegría.
Me alegro tanto por ti, Lucía. Que todo os siga biendice Carmen, aunque su voz suena cansada.
Aun así, no me gusta tu tono de voz ni tu ánimo, mamá. ¿Dónde está papá?
Papá… estará en el garaje, ha salido a arrancar el coche, con el frío y la lluvia que hace fuera…improvisa Carmen, para no preocuparla.
Lleva Carmen más de medio año viviendo entre dudas y remordimientos. No sabe con quién compartirlos, ni tampoco ve para qué. Algunos podrían compadecerla, otros tal vez alegrarse de su situación. Fue un día de verano, mientras arrancaba malas hierbas en el jardín bajo la ventana del estudio. La ventana estaba abierta. Ella pensaba en sus cosas, cuando de repente, escuchó la voz de Ricardo, hablando dulce y bajito. Él sabía que ella estaba fuera, y Carmen no podía verlo desde su ángulo.
Bueno, cielo Pero hoy no iré, claro que te echo de menos Yo también te quiero Tranquila, mañana pasaré a verte, lo prometo Tú sabes que cuando digo algo, lo cumplo
Cuando escuchó esas palabras, Carmen sintió como si el mundo la aplastara. Ricardo, ese hombre en quien confió ciegamente, resultaba ser uno más, como tantos otros. Se acordó del lamento de su hermana gemela, cuando le confesó que su marido la engañaba. A Carmen siempre le había parecido incomprensible, inaceptable.
Y ahora, se ve en el mismo lugar que su hermana; ahora la comprende. Aturdida, sin rumbo, se sentó en el banco junto al magnolio, secándose las lágrimas.
Vaya con Ricardo, al que tanto he querido y al que nunca dudépiensa con indignación. ¿Será verdad que todos los hombres llevan ese demonio dentro?
Ricardo, a sus cuarenta y siete años, podría decirse que ha triunfado. Carmen lo ha acompañado siempre, han criado juntos a dos hijos con cariño y rectitud. Viven en uno de los pueblos grandes de Salamanca, donde él maneja una empresa familiar de harinas y piensos, vendiendo a toda la provincia.
Carmen carga con ese secreto, sola. Pasaron meses antes de que, con paciencia y resignación, supiera quién era la mujer. Incluso llegó a mirar el móvil de Ricardo a escondidas, mientras él dormía.
Se llamaba Teresa; además resultó ser prima lejana de unos buenos amigos. Teresa vivía en una zona de bloques populares, El Prado, donde coinciden muchos conocidos. A través de Verónica, una de sus antiguas amigas del pueblo, Carmen consiguió saber más.
No tiene muy buena fama, nuestra prima Teresale contó Verónica. Guapa, no te voy a mentir, y siempre rodeada de hombres. Pero nunca ha sentado la cabeza ni ha tenido hijos. Ella misma se ha quejado conmigo de que le falta estabilidad, y que eso de ser madre soltera no le atrae.
Carmen escuchó todo en silencio, sin mostrar su dolor. Volvió a casa hecha polvo y lloró amargamente.
Qué difícil llevar tanto dentro sin poder contárselo a nadie.
Pasó el tiempo, y hace dos meses, Carmen no pudo más y fue a buscar a Teresa. Cuando Teresa abrió la puerta y vio quién era, se quedó blanca. Carmen entró sin esperar invitación y se sentó en el sofá.
Hola…dijo con voz ronca, mirando a su alrededor.
Teresa vacilaba, asustada. Quizá temía que Carmen la agrediera, como ocurriría con otras en su lugar. Tras un breve silencio, Carmen soltó enfadada:
¿No te da vergüenza acostarte con un hombre casado? Está mal, lo sabes. Hay hombres solteros de sobra. No vas a encontrar la felicidad sobre el sufrimiento de los demás. Eso lo sabemos todos.
Teresa empezó a sollozar.
No sé qué me ha pasado, pero estoy enamorada de Ricardo y no puedo vivir sin éllloró.
Carmen perdió la compostura, se levantó y le dio una bofetada. Teresa se llevó la mano a la mejilla.
Perdóname, Carmen, ha sido como una locura… lo sientogimoteaba Teresa.
Carmen también rompió a llorar. Lloraron juntas en silencio. Cuando se calmaron, Carmen dijo:
No se te ocurra decirle nada a Ricardo sobre mi visita pero si me entero de que le sigues recibiendo aquí, atente a las consecuenciasy se fue.
Teresa no comentó a Ricardo que Carmen la había visitado. Carmen lo guardó igualmente. Así siguen viviendo. No sabe con certeza si Ricardo sigue viendo a Teresa, pero sospecha cuando él tiene trabajo, y la duda la consume.
¿Qué hacer? Ricardo para mí es todo. No imagino otra vida. Tras tantos años, somos uno solo. Si llegamos a divorciarnos, habría que repartirlo todo y yo no quiero. Prefiero que todo siga igualmurmura mientras el cielo oscurece tras la tormenta.
Incluso si él me deja la casa, ¿de qué me vale estar sola en esta mansión? Una casa así pide arreglos constantes, siempre pasa algo y es Ricardo quien lo apaña. Me da miedo quedarme en la ruina, acostumbrada a esta vida ¿Y los hijos? ¿Cómo explicarles que su padre ha rehecho su vida con una mujer más joven?… No sé, sería un golpe devastador para ellos.
Calla y calla, porque Carmen sabe que si se desahoga, habrá quien la mire con pena y quien juzgue. Le dirán que debe respetarse a sí misma, rehacer su vida, quererse, no lamentarse.
Quizá tengan razónpiensa, pero yo amo a mi marido. Sé que me quiere. Igual lo de la joven es solo una fase, y recapacitará. Lo más importante es que sigue tratándome igual, con ternura, que no discutimos y nuestro día a día es como cuando éramos jóvenes. A veces pienso quiérete a ti misma y todo irá bien. Debería empezar a pensar más en mí
Desde que supo de Teresa, le cuesta tratar a Ricardo como si nada pasara. Ocupa sus horas en recordar a la otra, joven y guapa. A veces, hasta se sorprende admitiendo internamente que ha aceptado que Ricardo no le pertenece solo a ella.
¿Dónde estará ahora? Dice que en el trabajo, y yo dudo
Se le cruza por la cabeza una idea extraña, dolorosa.
¿Y si buscara yo también a otro hombre? Todavía tengo mi atractivo, a veces me lo dicense reprime enseguida. No podría hacerlo. Incapaz de imaginarme con otro. Ricardo es el mejor, pero, ¿cómo hacer que vuelva como antes? Podría perdonar su desliz, aunque me duela Los hombres son diferentes, sienten y piensan distinto respecto al amor O eso dicen, ¿quién sabe qué les pasa por la cabeza?
Carmen recuerda sus años de juventud y una sonrisa nostálgica asoma.
Éramos tan felices con tan poco Alquilando una habitación en una pensión, contando céntimos hasta final de mes. En vez de cenar fuera, corríamos a comprar entradas de cine y nos parecía el mayor lujo del mundo. Todo eso parece tan lejano y tan reciente a la vez. Ahora no nos falta de nada, pero yo me siento sola, ni siquiera tengo con quién hablar de esto, y tampoco quiero abrirme a nadie.
Ricardo decide sorprender a su mujer
Carmen sigue inmersa en sus pensamientos, hasta que ve cómo se encienden los faros del coche y Ricardo aparca en la entrada. Baja la circulación y entra despacio con su maletín. Finalmente, cruza la puerta de casa.
¡Carmen, ¿dónde estás?! ¿Por qué no hay luz en casa?asoma la cabeza a la cocina, encendiendo la luz. Ella ni se había dado cuenta de la oscuridad que reinaba.
Aquí estoyresponde baja, pensativa. Hoy hace un tiempo horrible.
Ni que lo digas. Las carreteras están intransitables, apenas llego sin quedarme atascado, todo blanco por la lluvia Tengo hambre, prepárame algo, andale pide Ricardo en tono cotidiano.
Carmen se levanta y comienza a atenderle. Ricardo va a lavarse las manos y en la cena, la mira sonriendo.
Oye, Carmen, pronto es Nochevieja, y he pensado darte una sorpresa.
Ella se pone tensa; últimamente, no le agradan las sorpresas
¿Qué sorpresa?pregunta apenas respirando.
Ricardo hace una pausa, la observa notando su inquietud.
Nada, mujer, que hace mucho que no viajamos juntos. Ahora vuelvose levanta y va al recibidor, regresando enseguida. ¡Mira! He comprado dos billetes para que pasemos el fin de año juntos en la Costa del Sol. Iremos a Málaga y celebraremos el año bajo las palmerasle sonríe como hacía tiempo.
A Carmen se le quita un peso de encima, siente que le cae una losa de los hombros.
Ay, Ricardo, siempre igual con las sorpresas. ¡Me apunto, por supuesto! No me lo creo, unas Navidades en la playaríe con alegría.
La idea la sugirió nuestro hijo, pero yo también llevaba tiempo pensando que necesitábamos un cambio. Así que, prepárate
La vida de Carmen parece recomponerse. Viajaron juntos a Málaga, celebraron el año nuevo junto al mar. Volvieron renovados y Carmén recobra la confianza en Ricardo. Ahora él la cuida como antes, se apresura a regresar a casa, y si va a llegar tarde, siempre le avisa para que no se preocupe.





