¿Por qué llevar tu propia comida?
La hermana y el hermano de mi marido, junto con sus familias, han celebrado cada Navidad con nosotros durante los últimos cinco años. Siempre he cocinado todo yo sola, he puesto la mesa, me he encargado de todos los detalles y, además, he recogido después. Ellos solo disfrutaban de la fiesta. Pero el año pasado mi paciencia llegó a su límite y lo viví con mucha ansiedad. Para mí se volvió algo agotador, física, mental y económicamente.
Por eso, el año pasado intenté repartir las tareas entre todos.
Sin embargo, hace poco, mi suegra me insinuó que ya están mayores, que el tiempo pasa y no es fácil para ellos, así que quiere que celebremos otra vez todos juntos en mi casa.
Llamé a la hermana y al hermano de mi marido para decirles que la madre de mi marido deseaba que todos cenáramos juntos. Al principio, se mostraron encantados y dijeron que debíamos hacer caso a mamá y que les parecía buena idea.
Entonces les propuse repartirnos los platos, quién cocinaría cada cosa y qué traería cada uno.
Yo me comprometí a poner la casa, hacer dos platos calientes y preparar un postre.
Ellos debían encargarse de preparar dos ensaladas, pescado, carne, quesos, fruta y bebidas. Que cada uno trajera algo para beber.
Nada más escuchar el reparto, las ganas desaparecieron de sus voces. Decían que no tenían tiempo para cocinar, que trabajan y que tendrían que comprar todo antes de ponerse a cocinar. Además, no entendían la idea de llevar comida. Directamente dijeron que preferían celebrar la Navidad en sus propias casas.
Entonces les pregunté: ¿y qué pasa con mamá? ¿Acaso no vamos a estar con ella? ¿Adivinad su respuesta? Que ya la felicitarían por teléfono y nada más.
Vamos, que no quieren compartir ni la preparación ni las compras. Aún no le he contado nada a mi suegra. La verdad, no sé cómo decírselo porque sé que se llevará un buen disgusto.
¿Y ahora qué hago? ¿Debo volver a hacer toda la Navidad yo sola, como siempre, sacrificándome mientras los demás solo aparecen y disfrutan?
A veces la familia nos pone frente a decisiones difíciles, pero también nos enseña que es importante poner límites y cuidar de uno mismo. Celebrar juntos debería significar compartir tanto la alegría como el esfuerzo; solo así todos podemos disfrutar de verdad las fiestas.







