Colocar a la mujer que tienes a tu lado en una situación donde los demás la ven como objeto de burla es pura cobardía.
Permitir que alguien se ría a sus espaldas mientras tú la abrazas delante de todos muestra que no solo fallas como pareja, sino también como ser humano.
No existe nada más humillante para una mujer que ama de verdad que ver cómo otros la miran con lástima porque conocen una verdad que tú le ocultas.
No hay nada más ruin que traicionar a una persona que confía en ti, que te cuida y que te respeta.
Ella camina orgullosa a tu lado, sin imaginar que hay quien se sonríe en silencio pensando:
“Si supiera tan solo”
Eso no es ser hombre.
Eso es miedomiedo a marcharte, miedo a ser honesto.
La infidelidad y convertir a la mujer de tu vida en motivo de mofa destruyen lo más importante: el respeto.
Y sin respeto, no hay amor. Tampoco excusas.
El auténtico hombre no es el que impresiona a muchas mujeres, sino el que protege la dignidad de una sola.
Y si no eres capaz de cumplir tu palabra, al menos ten la decencia de no dejar que ella sea la última en enterarse.
Porque esa vergüenza no desaparece.
Permanece siempre.



