Para mi madre, cuidar de su nieta es algo “imposible”.

Para mi madre el cuidado de su nieta es un imposible.

Todas mis amistades tienen madres que pueden encargarse de sus hijos sin problemas. Mi madre, sin embargo, repite siempre lo mismo: Es tu niño, yo crié al mío. Mi hija tiene cinco años y asiste al jardín infantil Los Pinos. Hace dos años, al terminar mi permiso de maternidad, volví a trabajar como profesora de primaria y, por el horario, me resulta complicado ausentarme con frecuencia. En esas ocasiones me vendría bien que mi madre estuviera presente.

Yo dispongo de mucho tiempo libre, sobre todo en invierno, ya que no tengo casa de veraneo. Ella pasa el día en casa, entre la tele y llamadas con sus amigas; no tiene otras aficiones. La semana pasada fuimos al oftalmólogo y descubrieron que la pequeña Begoña tiene problemas de visión. Llamé a mi madre para avisarle que tendríamos que llevar a Begoña a la clínica durante diez días. La recogemos a la una de la tarde en el jardín y la llevamos por la mañana al hospital. Todo está muy cerca: el jardín, la clínica y la vivienda de mi madre están en el mismo barrio de Madrid.

Mi hijo está bien educado y mi madre lo sabe. No es gruñona, no hace ruido, no monta líos y come lo que le damos. Aun así, siente una gran aversión por el niño. Un día necesité la ayuda de mi madre porque mi marido y yo teníamos que ir a trabajar.

Sería estupendo que ella pudiera venir unos días y echarnos una mano, pero no está en condiciones de hacerlo. Por suerte contamos con familia cercana que puede apoyarnos cuando hace falta. Mi abuela, Doña Pilar, vive al lado y últimamente no tiene nada que hacer, así que tendría sentido que ella cuidara al bebé mientras trabajamos. No nos costaría nada extra, pues está a un paso, y nos quitaba una carga de estrés que nos agobiaba.

Desde que mi madre se jubiló le ayudo económicamente. Le envío dinero cada mes y le pago el alquiler completo dos veces al mes. Cuando mi marido y yo vamos de la compra, la llevamos y ella abona todo ella misma. En todas las fiestas le regalo presentes caros y elegantes, y ella da por sentado que es mi obligación alimentarla y pagarle el alquiler porque soy su hija. No lo entiendo; mi hijo es mi responsabilidad, no una carga que tenga que soportar por obligación.

Parece que las abuelas no están obligadas a ayudar a sus hijos, aunque a menudo lo hacen. ¿Es correcto? Me duele mucho; me esfuerzo al máximo por mi madre y ella no lo valora.

Al final, he aprendido que el cariño no se mide con favores forzados y que establecer límites claros es esencial para mantener la armonía familiar. Sólo cuando respetamos nuestras propias necesidades podemos ofrecer ayuda sincera a los demás.

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Para mi madre, cuidar de su nieta es algo “imposible”.