Es interesante
016
Durante casi una hora observé a unos futuros padres, apenas acababan de terminar el instituto.
Hoy he pasado alrededor de una hora observando a unos futuros padres que apenas habrán terminado el bachillerato.
MagistrUm
Es interesante
0279
—¡Cállate! —rugió el hombre, estrellando la maleta contra el suelo—. Me voy de ti y de este lodazal al que llamas vida.
Cállaterugió el hombre, lanzando la maleta al suelo. Me voy de ti y de este pantano que llamas vida. ¿Pantano?
MagistrUm
Es interesante
035
Casarse con un hombre discapacitado. Relato Gracias de corazón por vuestro apoyo, vuestros “me gusta”, los comentarios, incomodidades y suscripciones, y un AGRADECIMIENTO ENORME de parte mía y de mis cinco mininos por todas las donaciones recibidas. No dudéis en compartir los relatos que más os gusten en vuestras redes sociales; ¡también es un gesto que se agradece mucho! La hija llegó tarde de la clínica donde trabajaba como enfermera de traumatología. Tardó mucho en la ducha, luego apareció con la bata en la cocina. —En la sartén tienes filetes rusos y macarrones —le ofreció la madre, mirándola a la cara y tratando de adivinar qué le pasaba—. ¿Has llegado muy cansada, Lucía? ¿Qué te pasa hoy? —No voy a cenar, ya soy bastante fea y, si como más, nadie se va a fijar nunca en mí —replicó Lucía sombría, sirviéndose una taza de té. —¿Pero cómo puedes decir eso? —se alarmó la madre—. ¡Si tienes de todo en su sitio, tienes unos ojos listos, una nariz y una boca bien formadas, no digas tonterías, Lucía! —Pues porque todas mis amigas ya están casadas y yo sigo sola. A nadie decente le gusto, sólo atraigo a los tíos más desastre. Y los que a mí me gustan ni me miran. ¿Qué tengo de malo, mamá? —inquirió su hija, mirándola esperando respuesta. —Simplemente no has conocido todavía a tu destino, no ha llegado el momento —intentó consolarla la madre, pero Lucía se enfadó más. —Sí, claro, como tengo “ojitos” porque son pequeños, labios finos y fíjate qué nariz tengo. Si tuviéramos dinero, me operaría, pero somos pobres. Por eso he decidido que me casaré con cualquiera que esté discapacitado, en el hospital hay chicos que, después de accidentes o lesiones, sus novias les han abandonado. ¿Qué me queda ya? ¡Ya tengo treinta y tres años, no puedo esperar más! —Pero Lucía, no digas eso, tu padre también está mal de las piernas. Yo pensaba que, al menos, el yerno ayudaría en la huerta del chalet, eso sí que nos vendría bien… ¿cómo vamos a arreglárnoslas si no? —dijo la madre, y enseguida trató de justificarse—, pero no te lo tomes a mal, Lucía, no todos nacen con suerte. ¿A ti para qué te hace falta un hombre discapacitado? Si el vecino Álex es buen chaval, te mira mucho, es fuerte y los niños os saldrían sanos… —Mamá, por favor, tu Álex no dura ni un mes en un trabajo, le gusta beber y además, ¿de qué puedo hablar yo con él? —protestó Lucía. —¿Para qué vas a hablar tanto? Ya le diré yo que coja el motocultor y remueva la tierra, o que baje al supermercado, que es un chico muy majo y trabajador, igual hay suerte y encajáis —sugirió la madre, rogando, pero Lucía apartó la taza y se levantó: —Me voy a dormir, mamá. No me puedo creer que ni tú me tomes en serio, eres igual que los demás, piensas que soy un adefesio… —¡Lucía, hija, no digas eso! —la madre la siguió, pero Lucía hizo un gesto y cerró la puerta de su cuarto. Luego estuvo mucho rato pensando, recordando aquel chico al que trajeron hace poco, al que le amputaron la pierna hasta el tobillo. Le pilló una viga en una casa medio derruida. La casa iba a ser demolida y él se metió dentro, le rescataron tarde y su pierna no pudo salvarse. No recibía visitas, y era joven, ni siquiera tenía treinta años. Al principio la miraba mucho, le cogía de la mano y la miraba a los ojos después de la operación. Pero luego, al recobrar la conciencia, entendió su situación y miraba malhumorado al techo. Lucía sentía más compasión por él que por ninguno, tal vez porque nadie le visitaba. —¿Crees que podré volver a andar? —le preguntó sin mirarla hace poco, y Lucía le contestó firmemente: —Por supuesto, en cuanto cicatrice, eres joven, todo irá bien. —Eso lo decís todos. Te vería yo a ti sin pierna, vaya vida —de repente, el chico se enfadó y se volvió a la pared, como si fuera ella la culpable. —¿Y para qué entraste allí? —se enfadó a su vez Lucía—. ¡La culpa fue tuya! —Me pareció ver algo… —murmuró a regañadientes él, y ahora, cuando ella entraba, se volvía a la pared. Lucía lo observó, tenía los ojos claros y fríos como el hielo. Y el rostro muy agradable. Era una pena que le hubiese pasado aquello… —¿Te doy lástima? —la sorprendió un día—. Lo veo, me tienes pena, claro, ahora soy de esos a los que sólo se puede compadecer, a tipos como yo ya no nos quiere nadie. —A las de mi tipo tampoco. Tengo piernas y brazos, pero a mí tampoco me mira nadie, ni lástima me tienen, a veces preferiría ser coja, al menos me compadecerían por eso —respondió Lucía, sintiéndose tan desgraciada que casi le daban ganas de llorar. Entonces, Mikel, por primera vez, sonrió mirándola. —Vaya tontería, ¿fea tú? ¿Se te ha ido la cabeza? Yo te miro y, en serio, envidio al que te elija, ¿te lo crees? Lucía le miró con los ojos muy abiertos y, por increíble que pareciera, le creyó. Y de repente le dijo lo que tanto le rondaba la cabeza: —¿Y si te eligiera yo a ti, te casarías conmigo? Si no respondes, es que mientes, ya lo pillo. Lucía se levantó y fue hacia la puerta, ofendida. Mikel, como pudo, se incorporó entre las sábanas, como si fuese a ir tras ella; recordó enseguida que no podía, pero gritó: —¡Cásate conmigo, Lucía! Te juro que dentro de nada nadie notará lo de mi pierna. Me recuperaré rápido, no te vayas, Lucía… Lucía y Mikel Se detuvo en el pasillo, al borde del llanto pero sintiendo de repente que ÉL era el elegido. No importaba si sus ojos, su nariz o lo de la pierna; simplemente se habían encontrado. El momento había llegado, como decía mamá… Mikel se voló en la rehabilitación con tremendo entusiasmo. Ahora tenía una meta: casarse con una chica maravillosa, y debía estar en pie para construir juntos su futuro. No quería que Lucía volviese a entristecerse ni a creer que nadie la necesitaba. Porque él sí, la necesitaba más que nadie, solo quería vivir y estar con ella… —¿Estás enamorada, hija? —le preguntó con picardía su madre—. ¡Si parece que floreces! Y dices que eras fea… Lucía no lo negó; parecía volar, y ahora su mayor deseo era que Mikel superara la adaptación al nuevo miembro. Pasaban cada vez más tiempo juntos, primero por el patio de la clínica, luego por las calles nevadas y luminosas de la ciudad en vísperas de Navidad… —Ya han derribado la casa… aquí fue donde me cayó la viga —le enseñó un día Mikel. —¿Y para qué entraste? ¿Qué viste ahí? Nunca me lo contaste —recordó Lucía. —Te vas a reír: vi un perrillo sin hogar, flaco, negro con manchas blancas, y pensé en llevármelo para no estar tan solo —le explicó Mikel. —Mira, allí hay un perro flaco mirándonos con pena pero no se atreve a acercarse. —¡Si parece él! —exclamó contento Mikel, y el perro, desde ese día, les seguía hasta casa. —¡Vaya suerte la de Lucía! ¡Qué marido más apuesto se ha echado, jovencito, con piso propio y sin suegra! —bromeaban las amigas en su boda. La madre de Lucía hasta soltó unas lágrimas cuando Mikel empezó a llamarla “mamá”. Él, que creció en un orfanato, no tenía familia ninguna. Es un buen chico, de buen corazón, y sobre todo, se quieren y se merecen ser felices. Y la huerta, ¡que le den! Se puede vivir sin ella, aunque Mikel ayuda en todo y todo le sale bien. Ahora Lucía y Mikel viven con el perro Cosme. Y pronto serán uno más: Lucía y Mikel esperan una hija… Nunca hay que perder la esperanza, o puedes dejar pasar la felicidad sin reconocerla. La vida es tan maravillosa justamente por lo imprevisible que es…
Casarse con un inválido. Relato Gracias por el apoyo, por vuestros ánimos, por cada gesto de cariño y
MagistrUm
Es interesante
070
El sobrino es más cercano al esposo que el hijo
¡Llévatelo ya para siempre! ¿Para qué tanto protocolo? exclama Celia, irritada. ¡Se te ha olvidado preguntarme
MagistrUm
Es interesante
0137
Perdí las ganas de ayudar a mi suegra cuando descubrí lo que había hecho. Pero tampoco puedo dejarla sola.
Perdí las ganas de ayudar a mi suegra cuando supe lo que hizo. Sin embargo, tampoco puedo abandonarla.
MagistrUm
Es interesante
0109
El sobrino es más cercano al esposo que el hijo
¡Llévatelo ya para siempre! ¿Para qué tanto protocolo? exclama Celia, irritada. ¡Se te ha olvidado preguntarme
MagistrUm
Es interesante
028
— ¡No quiero ser madre! ¡Quiero salir de casa! — Me lo dijo mi hija. Mi hija se quedó embarazada con sólo 15 años, y nos ocultó el embarazo durante mucho tiempo. Mi marido y yo nos enteramos cuando ya estaba de cinco meses. Por supuesto, la opción de abortar ni se planteó. Jamás supimos quién era el padre del niño. Mi hija sólo nos contó que salieron juntos unos tres meses y después rompieron. Ni siquiera sabía cuántos años tenía él exactamente. — Quizá 17, quizá 18… bueno, puede que 19 — nos decía. Por supuesto, mi marido y yo nos quedamos en shock al descubrir el embarazo. Sabíamos que iba a ser muy duro para toda la familia, y para colmo, mi hija seguía repitiendo que quería tener a su hijo, que deseaba ser mamá. Yo sabía que no comprendía lo que significaba ser madre realmente. Cuatro meses después nació un niño precioso, sano y fuerte. Pero el parto fue muy difícil y ella tardó otros cuatro meses en recuperarse. Por supuesto, no habría podido con todo sin mi ayuda, así que dejé mi trabajo y me dediqué por completo a cuidar de mi hija y de mi nieto. Cuando mi hija se recuperó, ya ni siquiera quería acercarse al niño. Por la noche dormía, durante el día no quería hacerse cargo de él. Yo hacía todo lo que podía: le hablaba, le pedía, le explicaba las cosas, incluso acabé gritándole que no me ayudaba nada. Y entonces me soltó: — Veo que le quieres. ¡Adóptalo tú! Yo seré su hermana, no quiero ser madre; quiero salir con mis amigas, ir a fiestas y discotecas, quiero pasármelo bien. Llegué a pensar que podía tener depresión posparto, pero al final resultó que no era eso. Simplemente no sentía amor alguno por su hijo. Finalmente, mi marido y yo tuvimos que tomar decisiones y al final conseguimos la custodia de nuestro nieto. Mi hija se volvió muy rebelde, no nos hacía caso, salía casi cada noche y volvía de madrugada, sin ocuparse en absoluto de su hijo. Vivimos así varios años. Creímos que nada cambiaría. Nuestro nieto crecía y se volvía cada vez más listo y alegre. En dos años, era otro niño: había aprendido a andar, a hablar y siempre tenía una sonrisa en la cara. Se ponía muy contento cada vez que mi hija volvía a casa: corría a abrazarla y le contaba cosas. Y ahí fue cuando el corazón de mi hija se ablandó: se convirtió en una madre maravillosa. Ahora pasa todo su tiempo libre con su hijo, le abraza, le besa. A menudo dice: — ¡Qué feliz soy de tener a mi niño! Es lo más valioso en mi vida, ¡no lo cambiaría por nada! Mi marido y yo estamos felices de que, por fin, reina la paz en nuestra familia.
¡No quiero ser madre! ¡Quiero salir de casa! Me confesó mi hija. Mi hija se quedó embarazada con apenas
MagistrUm
Es interesante
09
Poner en su sitio al marido. Relato Gracias por vuestro apoyo, por los “me gusta”, el interés y los comentarios en mis relatos, por suscribiros y un enorme GRACIAS de parte mía y de mis cinco mininos por vuestras donaciones. ¡No dudéis en compartir estos relatos que os gusten en redes sociales, también es algo que hace muy feliz a la autora!
Domar al marido. Relato Agradezco de corazón el apoyo, los “me gusta”, el interés y los comentarios
MagistrUm
Es interesante
082
«Me casé con mi vecino de ochenta y dos años… para que no lo envíen a una residencia de ancianos».
Me caso con el vecino de arriba, tiene ochenta y dos años así no lo mandan al hogar de ancianos. ¿Estás loca?
MagistrUm
Es interesante
0132
Así fue como actué cuando encontré en el bolsillo de mi marido dos vales para un crucero por el Mediterráneo; en uno de ellos aparecía el nombre de esa otra mujer
Así sucedió, hace ya muchos años, cuando revisando los bolsillos del abrigo de mi marido encontré dos
MagistrUm