Oksana llega por sorpresa a casa de su madre para Nochevieja: una visita inesperada, reencuentro familiar, ensalada rusa, carne al estilo francés, recuerdos de Igor, y un encuentro en el tren que puede cambiar su destino… Todo empieza con un sueño y termina con la llamada de un tal Andrés

Mira, te cuento cómo fue la cosa: Alejandra decidió darles una sorpresa a su madre y a su hermana pequeña, Sofía, por Nochevieja. No avisó a nadie, así que cogió directamente un tren desde Madrid hasta Valladolid, que era donde vivían. Llegó a la casa con una sonrisa en la cara, llamó a la puerta y, después de un momento de suspense, salió disparada Sofía, su hermanita, llena de alegría. El día se les fue volando entre risas y preparativos. Mientras las dos cortaban ingredientes para las ensaladas, su madre preparó el famoso solomillo al horno con queso, el plato favorito de Alejandra.

Mira que lo sabía, presentía que venías le dijo su madre. Pero pensaba que tal vez no venías sola, ¿es que sigues sin hablar con nadie desde lo de Álvaro?

No, mamá, de verdad que no quiero hablar de eso… soltó Alejandra, quitándole importancia con la mano.

Justo en ese momento le sonó el móvil y casi se le cae de la impresión.

Pero te hago un poco de flashback para que lo entiendas todo. Alejandra estaba hasta arriba de trabajo. Odiaba y adoraba la Navidad a partes iguales. Por los informes, los cierres, los balances Mañana era finalmente el último día, y si todo cuadraba, tendría dos semanitas libres. Qué ganas tenía de ver a su madre y a Sofía.

Esa noche, mientras repasaba por última vez el informe anual en su portátil, recordaba que su jefe le había dicho que, si la auditoría de mañana no sacaba ningún pero, tenía vacaciones hasta el 12 de enero. Así que, claro, llevaba semanas dejándose la piel, y cuando compró el billete del tren a principios de mes, pensó: “Si acaso no consigo librar, lo vendo y ya está”. Pilló una litera abajo, por si acaso.

Esa noche soñó una cosa rarísima: estaba en un bosque y se encontró una niña de cinco o seis años, sentada sola con un libro en las manos. Alejandra le preguntó:

¿Te has perdido, dónde están tus padres?

Y la niña le respondió:

No, yo es que aún no me he encontrado. Pero tú espabila, que hoy por la tarde te cruzarás con tu destino. ¡Despierta ya, tienes que entregar el informe!

Alejandra se despertó de un salto, miró el reloj y, madre mía, casi se le pegaban las sábanas. No se podía permitir ni un minuto de retraso porque la auditoría era a las nueve en punto y por suerte lo tenía todo preparado.

En quince minutos estaba lista, lo justo para el maquillaje y salir corriendo. Decidió tomarse el café en la ofi. Se puso el abrigo y con prisa fue a la parada. Por suerte el trabajo le quedaba a cinco paradas y encontró sitio para sentarse.

De repente, mirando a los pasajeros, ve delante de ella a la misma niña del sueño, que hasta le guiñó un ojo. Justo entonces, un chaval pasó empujando con la mochila y casi la tira. Le echó una mirada fulminante y cuando volvió a buscar a la niña, ya no estaba.

Pensó que era el cansancio, que estaba para el arrastre y que menuda imaginación la suya.

En la oficina ya estaban todos metidos en faena. Y cuando llegó el momento, Alejandra entregó el informe y todo salió perfecto, el jefe levantó el pulgar y la llamó después para decirle:

Prometido es deuda, puedes tomarte las vacaciones. Y aquí tienes una prima por tu esfuerzo. ¡Feliz año!

¡Muchísimas gracias, Don Alfonso, feliz año también!

Con la prima fue y le compró a su madre una mantilla preciosa, y a Sofía una blusa monísima. De paso, compró turrones, embutidos y una botella de cava. A las siete y media estaba en el tren, y tan acelerada iba, que ni vio la mochila de alguien y se fue directa al suelo en el pasillo.

Casi se echa a llorar, pero enseguida sintió unas manos amables que la levantaron.

¡Madre mía, perdona, ha sido mi culpa, no me ha dado tiempo a meter la mochila!

Era un chico con una voz amable y una sonrisa que te quitaba el aire.

No pasa nada, de verdad Alejandra se puso colorada.

Resultó que viajaban juntos en el mismo compartimento. Era alto, guapo, con ojos brillantes. Justo se acordó Alejandra de las palabras de esa niña del sueño: esta tarde encuentras a tu destino. ¿Sería él? No le hubiera importado nada…

Él se presentó como Javier y le ayudó a colocar la maleta. Tenía una reunión importante en Valladolid y tenía que volver a Madrid antes de Año Nuevo.

Menudo trajín, toda la noche en tren para ir y volver en un día ¿Y tú, a qué vas?

A ver a mi madre y a mi hermana, de vacaciones. Me han dado unos días en el curro y tenía muchas ganas.

¿Y tu pareja?

Que va, ni pareja ni nada sonrió Alejandra. No he dado aún con alguien con quien quiera celebrar el año nuevo y más allá. ¿Y tú, tienes a alguien esperándote?

Pues tampoco, ando igual que tú, buscando a esa persona con la que quedarse para siempre.

Alejandra casi le suelta: “¡Eres tú, me lo dijo una niña en sueños!”, pero logró callarse, roja como un tomate.

Cuando te sonrojas pareces una manzana, y más guapa aún bromeó él.

Alejandra se tapó la cara:

No lo puedo evitar, siempre me pasa en estas situaciones

Nada, no lo pienses. ¿Quieres un té? Mi madre me ha puesto tarta de manzana casera, y me ha dicho que comparta con los compañeros de viaje.

En ese momento, una señora mayor con un niño pequeño entró al compartimento, y Alejandra y Javier salieron al pasillo para dejarles instalarse. La señora, Carmen, llevaba a su nieto a pasar las fiestas con su hija, porque ella no podía cogerse vacaciones y el niño echaba de menos a su madre.

Luego todos acabaron tomando juntos el té con la tarta y unas pastas de Carmen, que estaban de escándalo. Después los jóvenes salieron a ver cómo pasaba el tren por Segovia, que estaba precioso de lucecitas navideñas.

Oye, Alejandra, ¿te importaría que intercambiáramos móviles? Me siento como si te conociera de toda la vida.

Por supuesto que sí

¿Cuándo vuelves?

El diez respondió ella, me quedo unos días.

Pues nada, que sepas que ha sido una pasada conocerte. Mira que hablamos fácil, como si nos hubiéramos visto mil veces.

A mí también me pasa. Estas historias de tren son así, compartes un viaje y te abres sin querer Luego cada uno a lo suyo.

Puede que sí Bueno, voy a dormir un rato.

Yo también.

Cuando llegaron a Valladolid a las diez de la mañana, Alejandra quiso mantener la sorpresa para su madre y hermana. Sabía dónde estaba la llave de repuesto, por si no había nadie.

Se despidieron en la parada de taxi, Javier le deseó una Nochevieja genial y ella lo mismo para él, que encontrara a esa persona especial.

Te deseo de corazón que encuentres a la persona con la que quieras quedarte para siempre le contestó sonriendo.

Se marcharon cada uno por su lado, aunque Alejandra se quedó con ganas de decirle que se quedara, que celebraran juntos el año nuevo Pero no era de insistir.

Al llegar a casa, Alejandra llamó al timbre, guardando la emoción, y en cuanto se abrió la puerta, la recibió Sofía saltando a sus brazos. Todo el día fue una locura maravillosa de anécdotas, cocina y risas. Mientras preparaban ensaladas, su madre recalcó:

¿Ves? Yo lo sentía, por eso compré ayer huevos de más. Pero, oye, pensé que igual venías con alguien. ¿Estás segura de que no hay ningún chico tras lo de Álvaro?

Mamá, en serio, déjalo

Entonces volvió a sonar el teléfono y a Alejandra casi le da un vuelco el corazón al ver el nombre: Javier.

¿Has logrado llegar sano y salvo? le preguntó entre risas.

Pues mira, no, me he quedado tirado, y no conozco a nadie aquí salvo a ti. ¿No se os ha perdido por ahí un comensal por Nochevieja?

Alejandra se echó a reír.

¡Voy a consultarlo con la jefa de casa! Mamá, ¿te importa si viene un amigo a cenar que anda solo en la ciudad?

¡Por supuesto que no! Así le damos un toque variado femenino y masculino a la mesa.

¿Contento? Apunta la dirección le dijo con una sonrisa y un guiño a su madre.

Al final, la niña del sueño tenía razón: Alejandra llegó a tiempo, entregó el informe y esa noche encontró lo que parecía su destinoEsa Nochevieja la casa rebosó de risas, historias y brindis contagiosos. Javier llegó con una botella más de cava que se sumó a la que Alejandra había traído y un ramo de flores para la madre, que se ganó a toda la familia en cinco minutos. Sofía, encantada, lo proclamó como su aliado oficial para juegos y chistes. La cena se llenó de anécdotas: de viajes, de trenes, de sueños extraños y niñas misteriosas que guiñaban el ojo.

Cuando dieron las doce y las uvas volaron entre brindis y abrazos, Alejandra levantó la copa y, sin pensarlo, miró a Javier. Él le devolvió la mirada, y fue como si, por un instante, el mundo se quedara en silencio alrededor de ambos, el reloj quieto, la promesa de un nuevo año palpitando entre los dos.

Después, al recoger la mesa, Javier se acercó y le susurró:

Gracias por invitarme. No sé si era mi destino, pero siento que este comienzo solo podía ser contigo.

Alejandra le sonrió, nerviosa y feliz, y notó cómo Sofía y su madre las observaban de reojo desde la puerta, guiñándose el ojo como dos conspiradoras.

Ese año, la vida de Alejandra cambió. No por un milagro sonado, sino por la suma de pequeños gestos, de trenes tomados a tiempo, de sueños que no se olvidan y de corazones que, por fin, se atreven a volver a empezar.

La niña del sueño no volvió a aparecerle jamás, pero Alejandra supo, a su manera, que por fin se había encontrado a sí misma. Y cuando brindaron por el futuro, Alejandra cerró los ojos y pidió un deseo sencillo: que ese extraño y mágico destino siguiera cruzándose en su camino, una vez más, cada día del año.

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MagistrUm
Oksana llega por sorpresa a casa de su madre para Nochevieja: una visita inesperada, reencuentro familiar, ensalada rusa, carne al estilo francés, recuerdos de Igor, y un encuentro en el tren que puede cambiar su destino… Todo empieza con un sueño y termina con la llamada de un tal Andrés