Nunca se habló de pensión alimenticia; solo acordamos que pagaría a mi marido para el sustento de nuestro hijo, y desde hace años él vive de mi dinero.

Como fui yo quien dejó a la familia por otro hombre y provoqué que el matrimonio se rompiera por mi culpa, Javier consideró que estaba obligada a compensarle por el corazón roto. No me permitió llevarme a nuestro hijo, y el niño quiso quedarse con su padre, no conmigo; aunque me dolía profundamente, no pude convencerle ni llevármelo a la fuerza. Todo se solucionó rápido: me dejaron marcharme y, a cambio, les enviaba dinero una o dos veces al mes. Mi exmarido en ese entonces tenía trabajo y ganaba un sueldo, pero cuando se dio cuenta de que yo tenía bastante dinero, y que mi nueva pareja también aportaba para que a mi hijo no le faltase de nada, Javier dejó de trabajar y empezó a vivir de lo que le dábamos.

Mientras nuestro hijo crecía, su padre le consentía todo: comidas de restaurantes, faltar al colegio cuando se le antojaba, vacaciones caras y electrodomésticos de última generación. Con el tiempo, mi hijo fue adoptando una actitud cada vez más despreocupada y rara vez quería verme. Daba igual lo que comprase o hiciera por él: Papá siempre lo hacía mejor, aunque fuera con mi dinero. El niño, con once años, ni se planteaba cómo era posible que su padre fuera tan generoso cuando apenas salía de casa.

Mi marido actual me sugirió que quizá el problema era que les daba demasiado dinero. Además, empezamos a pensar en la universidad de mi hijo y decidimos que lo más sensato era ahorrar para ese fin, en lugar de que mi exmarido lo gastase todo en caprichos. Le comuniqué mi decisión a Javier personalmente, diciéndole que ya era hora de que él se encargase de los gastos y que yo me iba a ocupar del futuro de nuestro hijo. Entonces me soltó un discurso sobre lo mala madre y peor esposa que era, y me amenazó con llevarme a juicio y reclamarme una pensión, acusándome de no haberles pagado nunca nada.

Me informé con abogados y me tranquilizaron, diciéndome que no debía preocuparme por sus amenazas, que no tenía nada que hacer: llevaba años sin trabajar, viviendo de lo que yo enviaba. Pero aun así, siento que soy yo quien sale perdiendo. Ahora mi hijo me odia más que nunca, convencido de que no quiero ayudar a su padre…

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MagistrUm
Nunca se habló de pensión alimenticia; solo acordamos que pagaría a mi marido para el sustento de nuestro hijo, y desde hace años él vive de mi dinero.