¿No podías haber pagado todas las compras, no solo las tuyas?: se enfadó en la primera cita

Conocí a un chico en la fiesta de cumpleaños de una amiga. Resultó ser amigo del novio de ella. Al parecer, nos caímos bien y me invitó a salir.

Al encontrarnos, me dijo que antes debíamos pasar por un supermercado para comprar algunas cosas y que luego iríamos juntos a casa de un amigo suyo. Hacía un frío que pelaba y no me ofreció otra alternativa, nada de una cafetería acogedora o ir al cine, así que acepté.

Él propuso comprar una pizza y alguna que otra cosilla más. Entramos en el supermercado, cogimos un carro y comenzamos a recorrer los pasillos. De pronto, empezó a echar al carro una botella de coñac caro, un paquete de buen chorizo, queso manchego, piña…

Me quedé algo sorprendida. Yo, por mi parte, puse unas mandarinas y unas galletas, ya que no llevaba casi nada de dinero. Al fin y al cabo, iba a una cita, no a hacer la compra para una semana.

Pensé que sería alguien detallista y tan generoso.

Llegamos a la caja, y delante de nosotros había cinco personas esperando. En ese momento, él se separa del carro, me suelta: Vuelvo en un segundo. No entendía nada. Me tocó mi turno, así que pagué sólo las mandarinas y las galletas y dejé todo lo demás.

Salgo a la puerta y le veo allí, esperándome. Coge mi bolsa, nota el peso y, extrañado, la mira y pregunta con incredulidad: ¿Y el resto de las cosas?

Le señalé el supermercado de donde acabábamos de salir. Él, alzando la voz, me increpó diciendo que era una tacaña, que podía habérmelo gastado, que había perdido su tiempo conmigo…

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