No fue hasta que me fui a vivir con mi amante cuando me di cuenta del gran error que había cometido

Diario personal, 17 de septiembre
A veces me pregunto cómo pude dejar escapar algo tan valioso. Mi esposa, Lucía, siempre fue una mujer sumamente reservada, de esas que prefieren pasar desapercibidas en cualquier reunión. Entre nuestros amigos, hablaba poco, nunca levantaba la voz y rara vez iniciaba una conversación si no la interpelaban primero. Lucía jamás protagonizaba una escena, ni fui testigo de un solo ataque de celos por su parte. Simplemente me prestaba atención, aceptaba mis pequeños regalos con una sonrisa y nunca me puso condiciones.
Nuestro matrimonio, visto desde fuera, podría haber parecido perfecto. No nos ocultábamos nada, siempre solucionábamos juntos cualquier asunto que se presentara. Cada día, al regresar del trabajo por las calles de Madrid, me recibía el aroma tentador de la comida casera, la alegría contenida de Lucía y la casa reluciente. ¿Qué más podía pedir?
Pero, ya se sabe cómo es la vida… A pesar de esa apariencia de plenitud, dentro de mí empezaba a crecer cierta inquietud. Sentía que necesitaba algo diferente, una especie de aventura que le diera emoción a mi rutina. En realidad, lo que me molestaba era nuestra escasa vida íntima. Entre nosotros apenas ocurría nada en ese sentido, y aquello no terminaba de llenarme. Acabé, movido por mi egoísmo, buscando fuera lo que pensaba que me faltaba y empecé una relación con otra mujer.
Lucía acabó enterándose, por supuesto, y nuestra historia juntos llegó a su fin.
Me mudé entonces con la otra mujer, pero qué rápido se hizo evidente mi error. El piso en el que compartíamos los días era un caos constante, y después del trabajo ya no había ni una comida caliente, ni una conversación interesante que me hiciera sentir en casa.
Fue entonces cuando quise regresar con Lucía, pero ya era tarde. Ella había rehecho su vida junto a otro hombre.
No consigo perdonarme. Por mi propia estupidez, perdí a la mujer perfecta.

Rate article
MagistrUm
No fue hasta que me fui a vivir con mi amante cuando me di cuenta del gran error que había cometido