¡No entiendo cómo es posible! Una madre hizo todo lo imaginable para acabar con la vida de su hija.

Hoy escribo todo esto en mi diario porque necesito desahogarme. He tenido a mi mejor amiga, Carmen, a mi lado durante años. Siempre me hablaba de lo difícil que era su vida. Y todo porque durante veinte años había vivido junto a su marido y su madre, Rosalía.

Rosalía era de esas mujeres que no dudan en aprovecharse de quienes tienen cerca, y le daba igual que su hija fuera quien sufría las consecuencias. Para ella, nada nunca era suficiente. A sus ochenta y cinco años, es verdad que aún seguía bastante activa.

Nunca dejó de recordarle a Carmen que le debía la vida, que ella estaba en deuda con su madre por todo lo que había sufrido. Cuando Rosalía se quedó embarazada, su marido la abandonó y encontró a otra mujer, depositando todo su rencor en Carmen, que era clavadita a su padre.

Carmen jamás fue vista como hija por Rosalía. Más bien era su sirvienta, su limpiadora, su esclava pero nunca su niña. Carmen trabajaba a jornada completa en dos trabajos. Cuando llegaba a casa agotada, tenía que limpiar los suelos y cocinar. Su madre no movía un dedo para ayudar y, además, no perdía oportunidad para buscarle la vuelta si Carmen preparaba algo que no quería comer. Hubo más de una ocasión en la que Carmen tuvo que dejar su trabajo corriendo y cruzar media ciudad de Madrid para prepararle a su madre, justo lo que ella deseaba para cenar.

Recuerdo ese día como si fuera ayer: el cumpleaños de Carmen. Había preparado una mesa extraordinaria, llena de sabores de nuestra tierra, pero noté que estaba profundamente triste. Me confesó que había tenido otra gran pelea con su madre. No pudimos quedarnos mucho rato y acabamos yéndonos todos bastante antes de lo habitual.

A la mañana siguiente, me enteré de la noticia: Carmen se había ido. Resultó que tras marcharnos, Rosalía montó de nuevo un escándalo y la tensión fue demasiado para Carmen. Su corazón no lo soportó y nadie se molestó en llamar a emergencias. En plena noche, murió. Así es como una madre puede destruir a su hija y ni siquiera ser capaz de verlo.

Hoy pienso en todo lo que Carmen vivió y me pregunto cómo algo tan cruel puede tener lugar en nuestra vida, aquí, en Madrid. La historia de Carmen me pesa, y sé que nunca la olvidaré.

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MagistrUm
¡No entiendo cómo es posible! Una madre hizo todo lo imaginable para acabar con la vida de su hija.