Mamá, ¿pero qué dices? ¿Cómo que no tienes con quién hablar? ¡Si te llamo dos veces al día! resopla la hija, cansada.
No, Lucía, qué va, no me refería a eso Carmen Morales suspira con tristeza. Es solo que ya no me quedan amigas ni conocidos de mi edad. De mi época, quiero decir.
Mamá, no digas disparates. Si tienes a tu amiga del colegio, Pilar. Además, eres muy moderna y aparentas muchos menos años de los que tienes. Venga, mamá, ¿qué te pasa? insiste preocupada Lucía.
Sabes que Pilar tiene asma y no puede hablar mucho por teléfono, le dan ataques de tos. Y vive lejos, al otro lado de Madrid. Éramos tres las que siempre íbamos juntas, ¿te acuerdas de las historias que te contaba? Pues mira, Carmen ya no está. Ayer vino Carmen, la vecina de al lado. Le invité a merendar, es muy maja y suele pasarse por aquí. Bajó un momento y trajo unas magdalenas, había horneado para sus nietos. Me contó de sus hijos, de sus nietos. Ella también es abuela, pero será unos quince años más joven que yo. Pero tiene recuerdos muy diferentes de la infancia, del colegio.
Y yo lo que quiero es charlar con gente de mi generación, de las que han vivido como yo Carmen se lo cuenta así a su hija, aunque sabe que Lucía no la va a entender. Es demasiado joven todavía. Su tiempo aún está fuera, en la calle, en el presente. No le tira la nostalgia. Lucía es muy buena hija, atenta; no es cosa suya.
Mira, mamá, tengo entradas para el martes para una noche de zarzuela. ¿No te hacía ilusión ir? Y ya está bien de melancolía, ponte tu vestido granate, ¡que vas monísima con él!
Vale, Lucía, hija, tienes razón, no sé qué me ha pasado, déjame tranquila, buenas noches, mañana hablamos. Acuéstate prontito, que luego no descansas nada Carmen cambia de tema.
Vale, mamá, hasta mañana, descansa y Lucía cuelga.
Carmen Morales mira en silencio por la ventana las luces parpadeantes de la noche madrileña…
Décimo curso. Es también primavera. Tantos planes. Cuánto parece que fue ayer. Su amiga Pilar estaba colada por Juan Luis Ortega, de su clase. Pero a Juan Luis le gustaba ella, Carmen. La llamaba por la noche al teléfono de casa, la invitaba a pasear. Pero Carmen lo veía solo como amigo, ¿para qué ilusionarle?
Juan Luis se fue a hacer la mili. Volvió, se casó. Vivía en la antigua casa de Pilar. Y su teléfono Era fijo, de esos de antes. El número Carmen marca, de repente, el número que recuerda. El tono tarda en sonar, después parece que alguien descuelga. Se oye un rumor, hasta que una voz masculina, tranquila, le responde:
Diga, le escucho.
¿Será demasiado tarde? ¿Por qué le llamo? ¿Y si Juan Luis ya ni se acuerda de mí? ¿Y si ni siquiera es él?
Buenas noches el tono de Carmen tiene un temblor emocionado.
Se oye de nuevo un roce, y de pronto:
¿Carmen? ¿De verdad eres tú? Claro que sí. Nunca podría olvidar tu voz. ¿Cómo me has encontrado? Si estoy aquí de casualidad…
¡Juan Luis, lo sabías! Carmen siente una ráfaga de alegría y recuerdos. Nadie la llama ya por su nombre, solo mamá, abuela o señora Carmen Morales. Salvo, quizás, Pilar.
Pero Carmen suena tan maravilloso, tan fresco, como si los años vividos no importaran.
¿Cómo estás, Carmen? Qué alegría escucharte esas palabras disparan la felicidad en Carmen. Temía que no la reconociese, o que estorbara.
¿Te acuerdas de 4º de la ESO? Cuando con Paco Ferrán os llevábamos a Pilar y a ti en barca por el Retiro. Paco se dejaba las manos remando y luego las escondía. Después nos tomábamos helados en El Paseo. Quizás sonaba entonces alguna canción la voz de Juan Luis es suave, soñadora.
Por supuesto que lo recuerdo Carmen ríe, dichosa. ¿Y la acampada con la clase en la sierra? ¡Que no podíamos abrir las latas, y moríamos de hambre!
Sí, sí Juan Luis ríe con ella. Paco fue el que las abrió, después estuvimos cantando con la guitarra al fuego. Yo entonces decidí que tenía que aprender a tocar.
¿Y aprendiste al final? la voz de Carmen tiene la chispa de la juventud redescubierta. Juan Luis resucita el pasado común, recordando nuevos matices.
¿Qué tal tú ahora? pregunta Juan Luis, y él mismo responde. Bueno, ya lo noto en tu voz, que eres feliz. ¿Tienes hijos, nietos? ¿Sigues escribiendo poemas? ¡Lo recuerdo! Diluirse en la noche y renacer en la mañana. ¡Qué fuerza de vivir!
Siempre fuiste como el sol. A tu lado, uno sentía calor en el alma, era imposible quedarse frío. Tus hijos y nietos tienen suerte contigo.
Anda ya, Juan Luis, qué exagerado. Mi tiempo ya pasó, yo…
Él, cortando:
¡Venga ya! Transmites tanta energía que se me calienta el auricular. Es broma. No me creo que hayas perdido las ganas de vivir. Eso no cuadra contigo. Así que, Carmen, vive y disfruta. El sol brilla para ti.
Y las nubes recorren el cielo para ti.
¡Y los pájaros cantan solo para ti!
Juan Luis, sigues igual de romántico… Pero cuéntame tú, todo el rato hablando yo… pero en el teléfono suena un chasquido, un crujido, y la llamada se corta.
Carmen se queda con el teléfono en la mano. Piensa en volver a llamar, pero ya es tarde, mejor en otra ocasión.
Qué bien le sentó esa charla, cuánto recordaron juntos… Un timbrazo la sobresalta. Es su nieta.
Sí, Martina, cariño, estoy despierta. ¿Qué te ha dicho mamá? No, tengo muy buen ánimo. Vamos a ir juntas a un concierto. ¿Mañana pasas por aquí? Genial, te espero. Hasta mañana.
Con una amplia sonrisa en los labios, Carmen se acuesta. Tiene la cabeza llena de nuevos proyectos. Dormida, empieza a componer versos…
Por la mañana, Carmen decide ir a visitar a Pilar. Apenas son unas paradas de tranvía, a fin de cuentas, aún no está tan mayor.
Pilar la recibe contentísima.
¡Ya era hora! ¿Ese es un roscón de albaricoque? Mi favorito. Cuenta, cuenta interrumpe su tos con una mano en el pecho, pero la aparta enseguida.
No te preocupes, es el nuevo inhalador. Estoy mejor. Ven, vamos a tomar el té. Carmen, estás radiante, ¡qué milagro ha pasado!
Ni idea, será el quinto rejuvenecimiento ya Carmen empieza a cortar el pastel. Ayer, por casualidad, llamé a Juan Luis Ortega. Sí, hombre, tu crush de cuarto de la ESO. Empezó a recordar cosas que ya ni me acordaba. ¿Por qué te quedas callada, Pilar, tienes un ataque?
Pilar se queda pálida, muy seria. Al cabo, susurra:
Carmen, ¿no sabías que Juan Luis falleció hace casi un año? Y vivía en otro distrito, hace tiempo que no está en esa casa.
¿Qué dices? ¿Cómo puede ser? ¿Con quién hablé entonces? Si recordaba todos los detalles de nuestra juventud. Antes de hablar con él, estaba deprimida.
Y después sentí que la vida seguía, que tengo fuerzas, que aún me quedan ganas de vivir… No puede ser Carmen no puede creer que Juan Luis ya no está.
Pero era su voz, yo la oí. Dijo cosas tan bonitas: El sol brilla para ti. El viento empuja las nubes para ti. ¡Y los pájaros cantan para ti!
Pilar niega con la cabeza, dudando un momento. Después dice:
Carmen, no sé cómo ha sido, pero de verdad, parecía él. Era su estilo, su alma. Juan Luis te quería. Quizá quiso animarte… desde donde esté. Desde luego que lo logró. Hacía mucho que no te veía tan feliz.
Un día, alguien recogerá tu corazón ajado y te recordará que, en el fondo, sigues siendo… simplemente feliz.







