Mira, mis padres siempre han vivido lejos, y por temas de trabajo prácticamente me criaron mis abuelos cuando era pequeña. Aunque nunca tuvimos problemas de dinero, lo cierto es que para ellos la carrera profesional era lo primero y siempre anteponían eso al tiempo conmigo. Por eso, la relación más fuerte en mi vida fue con mis abuelos, que estuvieron ahí apoyándome y animándome en todo momento.
Cuando cumplí dieciocho, heredé un par de pisos y ahí fue cuando sentí que podía demostrarle a mis padres que yo podía tirar para adelante sola. Vendí esos pisos y con lo que saqué fueron unos buenos euros, no te voy a engañar me compré una casa en Salamanca, que era donde estaba estudiando la carrera. Durante toda la universidad, la verdad que mis padres siguieron igual de ausentes, así que acabé acostumbrándome a que casi no estaban.
Por desgracia, mis abuelos fallecieron mientras yo estaba estudiando, y si te soy sincera, eso me dejó bastante más desconectada de mis padres que nunca. Sentía que, al final, ellos no habían participado realmente en mi educación ni en mi vida en general. Como nunca había habido una relación cercana, me costaba encontrar tiempo para ellos, igual que ellos en su momento no lo encontraron para mí.
Cuando se enteraron de que había vendido los pisos y se sintieron dolidos porque no les había dado parte del dinero, la verdad es que no sentí ninguna obligación de darles nada. Lo veía claro: ellos habían estado ausentes en los momentos importantes de mi vida, así que ahora, yo tenía que pensar primero en mí. Sus quejas de que no sacaba tiempo para verles simplemente las ignoré, porque yo había aprendido, como ellos, a priorizar el trabajo y mi bienestar, tal y como me enseñaron aunque fuera a su manera cuando era pequeña.
Así que cuando me decían algo les respondía con un simple: “No tengo tiempo, estoy trabajando”, y de verdad pensaba que ellos, más que nadie, deberían entender bien lo que supone tener una vida profesional intensa, porque es justo lo que eligieron para sí mismos hace mucho tiempo. Decidí centrarme en mis propios objetivos y en mi propia felicidad como una forma de aceptar su ausencia y ponerme a mí primera como ellos hicieron en su día y tiré para adelante, tratando de buscar mi propia plenitud.






