Mi suegra se ha enfadado conmigo por el piso y ha empezado a poner a su hijo en mi contra.

Mi hijo se ha topado con una chica algo tramposa que lo maneja como si fuera un coche de feria. Últimamente, se dedica a ponerlo en mi contra, diciéndole que a mí no me importa su felicidad, que solo pienso en lo mío. Y todo porque me negué a hacer un cambio de pisos, ¡menuda conclusión sacó!

Mi marido se fue a reunirse con los santos hace unos años y mi hijo es mi único descendiente. Lo he criado con cariño y mucho esmero, le he dado una educación decente y, antes de casarse, vivió siempre con nosotros. Empezó a trabajar mientras todavía estudiaba en la universidad y, en cuanto tuvo el título en la mano, consiguió un buen puesto.

Mi hijo es mi orgullo. Es un chico estupendo, bien plantado y le va fenomenal en su vida profesional. Mi marido y yo nunca pudimos comprarle un piso porque siempre vivíamos a lo justo. Nosotros mismos compramos nuestro apartamento cuando cumplimos los 40, antes de eso éramos inquilinos eternos. Así que, como es lógico, no teníamos suficiente para comprarle otro piso a nuestro hijo. Pero bueno, ya es mayor y puede ganarse el suyo, como lo hicimos nosotros.

Cuando Martín me dijo que estaba saliendo con una chica, yo salté de alegría. Hice todo lo posible por caerle bien a la nuera: jamás le dije una palabra fea ni la regañé. La verdad, me daba igual quién iba a ser su esposa, lo esencial era que él fuera feliz con ella. Al principio, me cayó fenomenal Carmen, muy educada y apañada. Pero, ¡ay amigo!, tras la boda la nuera se quitó la careta.

Tras el bodorrio, Martín y Carmen se fueron de luna de miel y, al volver, ella se largó del trabajo. Su excusa fue que los jefes la tenían frita y que quería buscar algo mejor… pero ahí acabó la historia. Lleva dos años tocándose la barriga y no muestra pinta de buscar empleo.

Martín y Carmen viven en su piso de una habitación, en las afueras de Madrid. Carmen se queda en casa y, con solo el sueldo de Martín, no pueden permitirse comprar algo más grande porque ella dilapida lo que entra en peluquerías y ropa.

No entiendo cómo alguien puede estar dos años sin encontrar trabajo. Seguro que miente con las entrevistas. Lo más probable es que le encante vivir cómodamente a costa de su marido.

Un día le pregunté si pensaban tener un hijo. ¿Pero cómo vamos a pensar en hijos viviendo en este agujero? me contestó Carmen. ¿Por qué no ahorráis para la entrada de una hipoteca? le sugerí. Pues nada de nada, ni un euro guardamos, si con suerte llegamos a final de mes, dijo Carmen.

Me mordí la lengua para no decirle que, si trabajase, ya podrían haber ahorrado algo. Si de verdad hubiesen intentado ahorrar para un piso, claro que les habría ayudado, que tengo una buena cantidad reservada. Pero ahora ni se me ocurre darles ni un céntimo, porque seguro que mi nuera lo funde en tonterías.

Recientemente, Carmen empezó a hablar de niños, diciendo que el tiempo se les escapa y que habría que pensar en un heredero, pero, ¿cómo criar un chiquillo en estas condiciones? Mi hijo ha empezado a estar de acuerdo con ella.

Mamá, ¿sabes qué? Carmen y yo pensamos que podrías intercambiar tu piso con el nuestro. No hay que hacer papeles ni nada legal, solo cambiamos y fuera. Tú tendrías suficiente espacio y nosotros dejaríamos de preocuparnos por la hipoteca, me soltó Martín.

La propuesta de mi hijo me dolió muchísimo. Él solo nunca habría pensado en esto. Le respondí que yo estaría muy lejos de su casa por trabajo y que los árboles viejos no se trasplantan fácilmente.

Solo te quedan unos años de trabajo y te daremos nietos, me dijo Carmen, sonriente, como quien ofrece caramelos.

Por supuesto rechacé la oferta tan ventajosa porque no me hacía ni pizca de gracia. Desde luego, no quiero abandonar mi casa.

Después de esto, Martín volvió a sacar el tema varias veces y, cada vez, sus comentarios lograron ofenderme más. Mi hijo nunca ha sido de aprovecharse de nadie, pero su esposa lo anima a hacerlo.

Vamos, que nos vamos. Ya te dije que a tu madre le importa un pimiento si tenemos hijos. No movería ni un dedo por nosotros, le soltó Carmen a Martín la última vez que vinieron a visitarme.

Tras aquello, mi hijo no me llama, ni me responde ni devuelve mis llamadas. No entiendo cómo ha cambiado tanto, él no es tonto, pero cuando está cerca de su esposa es como si se le nublara el cerebro.

Rate article
MagistrUm
Mi suegra se ha enfadado conmigo por el piso y ha empezado a poner a su hijo en mi contra.