Mi segundo marido resultó ser un hombre maravilloso, que no escatimó en gastos para hacer compras tanto para mí como para mi hijo

Te voy a contar una historia que últimamente me ronda mucho la cabeza, porque me hizo darme cuenta de lo importante que es tener a alguien que de verdad te cuide. Mira, después de separarme del que fue mi primer marido, que me dejó colgada con un hijo pequeño por irse con otra, pasé por una época muy dura. Llevábamos seis años juntos y, bueno, como todas las parejas, teníamos nuestros días buenos y malos. Pero todo cambió cuando nació nuestro hijo, Álvaro. Él empezó a estar bastante irascible y buscaba cualquier motivo para no pasar tiempo en casa, salía mucho por las tardes y yo empecé a sospechar que algo pasaba, pero no quería enfrentarme a la verdad.

El golpe llegó un día cualquier, de esos que parece que van a ser normales: de pronto, me dijo que ya no sentía nada por mí, recogió sus cosas y se marchó. Y claro, me quedé sola, con el crío de apenas un año y la cabeza hecha un lío.

En esos días, sentía como que toda la vida se me derrumbaba; todo mi sueldo se iba en pagar la hipoteca del piso que había comprado con tanto esfuerzo, y en la compra semanal. Y claro, la idea de la familia unida para siempre, eso que nos enseñaban las abuelas hay que aguantar por los hijos, hija mía pues poco a poco me di cuenta que no tenía ya sentido si faltaba el cariño y el respeto.

El caso es que hace medio año conocí a mi actual marido, Jaime. Y qué distinto todo desde entonces… Desde el principio vi que era una persona muy atenta, se le notaba que tenía buen corazón. Fíjate que en nuestra segunda cita me acompañó a casa y, casi sin querer, me preguntó si necesitaba que fuéramos juntos a hacer la compra. Al poco estaba comprando un montón de cosas para Álvaro, sin ni siquiera habérselo pedido.

Al principio me sentí un poco incómoda, no te voy a mentir. Pero es que de verdad quería ayudarme, y se notaba. Mira, incluso llegué a pedirle si podía traer algo de carne que por aquella época para mí era un lujo, de lo cara que está aquí en Madrid y él ni se lo pensó. Para que te hagas una idea, yo iba muchísimo justa de dinero y compraba lo estrictamente necesario, ni frutas ni dulces siquiera. Y cuando Jaime me dijo eso de coge lo que quieras, María, de verdad, no pude evitar llorar de pura emoción, porque fue la primera vez en mucho tiempo que sentí que alguien se preocupaba de verdad por mí.

Recuerdo que además, él metió en la cesta unos caramelos y unas naranjas para Álvaro, y todavía me emociono al pensarlo. Y luego tocó la puerta de casa con dos bolsas enormes llenas hasta arriba. Con el paso de los meses fui viendo que este hombre no hacía las cosas por quedar bien ni por compromiso, sino porque le nacía. Me di cuenta de que se desvivía no solo por mí, sino también por mi hijo, y eso me terminó de conquistar. Vamos, que nos casamos.

Jaime es maravilloso tanto de marido como de padre. Con él aprendí que todas esas promesas bonitas y palabras vacías no valen ni un euro. Lo realmente importante es la atención y el cuidado sinceros. Cuando alguien te protege y te cuida de verdad, te invade una tranquilidad inmensa y todo lo demás se pone en su sitio. Ahora sí, puedo decir que me siento segura y querida. He encontrado a alguien que de verdad vale la pena, alguien con quien sé que voy a poder compartir mi vida sin miedos.

Mira, no todas necesitamos joyas ni vivir en áticos en Gran Vía para sentirnos felices. Lo que la mayoría queremos es a alguien que nos trate bien y nos cuide, ¿sabes? Eso es lo básico, el resto es extra.

Por eso, tómate tu tiempo para elegir a quien vaya a estar a tu lado. Sobre todo, que te quiera y te respete. Eso es lo que al final marca la diferencia.

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Mi segundo marido resultó ser un hombre maravilloso, que no escatimó en gastos para hacer compras tanto para mí como para mi hijo