Mi padre trajo una caja antigua y me dijo: “Es un anillo de mi abuela. Puedes venderlo y comprarte un móvil.”

Hace unos días, mi padre vino a visitarme a Madrid. Mientras charlábamos en la cocina, le conté que mi marido anda con el móvil haciendo aguas: lo pones a cargar y como mucho aguanta quince o veinte minutos antes de apagarse solo. Le han cambiado la batería, pero va aún peor, así que estoy buscando un teléfono nuevo para mi cumpleaños. Mi marido se quedará con el antiguo, porque yo sinceramente lo necesito más para el trabajo y el día a día.

De repente, mi padre saca del bolso una cajita vieja, medio desgastada y me dice: Esto es algo que tu abuela Carmen quería que tuvieras. Puedes venderlo y así comprarte ese móvil que quieres. Era la alianza que ella llevó toda la vida. La caja, increíblemente, se había conservado, aunque estaba un poco deslucida por el paso de los años.

Al abrirla, además del anillo, había un recibo amarillento, una etiqueta ya casi ilegible y un pequeño sello. El anillo se compró en 1977 y pesa un poco más de 7 gramos.

Por mi edad, me cuesta hacerme una idea clara de cuánto valía aquello comparado con los precios actuales, pero tengo la sensación de que fue caro en su día. Por aquella época estaban de moda las alianzas anchas y, por lo visto, la gente se las podía permitir.

Por ejemplo, hoy en día, no cualquiera iría a comprarse un anillo así. Ni siquiera puedo imaginarme cuánto costaría ahora. Era de oro de ley de 18 quilates. Pero estoy convencida de que el oro de antes tenía algo especial, distinto al de hoy. El anillo, si lo miras, es descomunal comparado con una sortija de compromiso actual.

Le respondí enseguida a mi padre, mirándole a los ojos: No pienso venderlo jamás. Pienso llevarlo yo misma. No creo en supersticiones sobre no ponerse joyas de otras personas. Para mí, es un recuerdo lleno de cariño y significado. Los móviles se rompen y se cambian cada año, pero un anillo así, con su historia, no lo vas a poder comprar nunca.

¿Tú qué harías con un anillo así?

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Mi padre trajo una caja antigua y me dijo: “Es un anillo de mi abuela. Puedes venderlo y comprarte un móvil.”