Creo que esta situación va a desatar muchos comentarios polémicos entre mis seguidores. Sí, me da vergüenza admitir lo que pienso. Sin embargo, no puedo evitarlo. Cuando imagino lo que le espera a nuestra familia en los próximos meses, se me saltan las lágrimas. Siento como si la depresión me estuviera invadiendo. Llevamos casados más de doce años, ambos tenemos trabajo y hay dos hijos en casa.
Mi suegra lleva bastante tiempo enferma. Padece artritis y diabetes. Además, al estar pasada de peso, le cuesta mucho moverse por su piso de Madrid. Vive sola, así que el día a día se le complica mucho. Le resulta difícil cuidarse, preparar la comida y mantener la casa en orden. Todas las semanas, mi marido y yo le llevamos la compra; yo limpio la casa, dejo hechas las comidas para la semana y la ayudo a bañarse. Nos hemos acostumbrado a esas visitas semanales. Claro que, en ocasiones, no podemos ir por el trabajo, pero suele ser poco frecuente.
Quiero de verdad a mi suegra. Crió a su hijo ella sola; se dejó la piel por él y sacrificó su propia felicidad (a los 45 años perdió a su esposo y nunca volvió a casarse). También nos echó una mano económicamente. Gracias a ella, pudimos terminar de pagar la hipoteca. No dejaría de cuidarla ni de ayudarla jamás, de ninguna manera. Sin embargo, hace poco, mi marido me ha dicho que, después de Reyes, su madre se vendría a vivir a nuestra casa. Así dejaríamos de desplazarnos, y sería mucho más fácil atenderla. Él así estaría más tranquilo.
Entiendo a mi marido, pero no puedo evitar pensar en cómo cambiará la dinámica en nuestro hogar. Nuestro piso tiene tres dormitorios. Mi marido y yo dormimos en uno, y los niños en los otros dos. Si mi suegra se instala con nosotros, ocupará una de las habitaciones, y los niños tendrán que compartir. Ya los veo discutiendo, porque cada uno necesita su propio espacio. Me avergüenza sentirlo, pero empiezo a ver a mi suegra como una carga.
¿Vosotros qué haríais en una situación así? Me gustaría leer vuestra opinión…






