Tía, escucha, tengo que contarte algo que llevo rumiando un tiempo. Mi marido, Andrés, es un encanto, de verdad te lo digo. Es el típico hombre con el que cualquiera soñaría: atento, generoso, divertido… Pero ya sabes que la perfección, como tal, no existe. Si tuviera que ponerle un pero, sería que es demasiado sociable, siempre tiene una palabra amable para todo el mundo y le encanta charlar hasta con las farolas.
Lo curioso es que esa simpatía suya le lleva a mantener amistad con mujeres, cosa que a mí, sinceramente, no me termina de hacer gracia. No es que me esconda nada, ni muchísimo menos. Siempre somos transparentes y entre nosotros no hay secretos, pero no puedo quitarme de la cabeza la relación que sigue manteniendo con una excompañera de trabajo. Se llama Trinidad y, aunque hace años que se casó y se mudó con su esposo a Alemania, sigue estando muy presente en nuestra vida. Y, claro, su nombre nunca desaparece de casa.
La cuestión es que cada vez que a Andrés le pasa algo curioso en la oficina o de viaje, las primeras en enterarnos somos Trinidad y yo. Si hay una decisión importante, consulta tanto conmigo como con ella. Casos en los que debería hablar sólo conmigo, pues también los discute con Trinidad. Y, tía, no te voy a engañar, eso me revienta.
No quiero que pienses que estoy exagerando, eh. Como marido, lo borda: se implica en casa, hacemos las cosas juntos, y hasta en lo económico va de maravilla, que oye, no está de más. No te exagero si te digo que casi todos los fines de semana salimos de tapas, al cine o a algún espectáculo. Sé que soy una afortunada. Aun así, sigo sin pillar por qué le hace falta mantener ese vínculo con otra mujer, aunque sólo sea de amistad.
Te confieso que cada vez noto más esos celos tontos, porque de verdad, con el resto de chicas con las que Andrés trabaja, ni fu ni fa. Pero con Trinidad es otra cosa. No consigo entender qué le aporta ella que no pueda encontrar en mí. ¿Realmente necesita esa amistad? ¿Qué le da Trinidad que yo no pueda darle?
En fin, amiga, que a veces pienso si no estaré siendo una celosa sin razón, pero tampoco puedo evitar sentirme así. ¿Tú cómo lo ves?




