Mi ex cuñada aparece en la cena de Nochevieja y todos nos quedamos de piedra.
Cuando el timbre suena a las 20:47 del 31 de diciembre, toda la familia nos miramos como si acabara de activarse la alarma de incendios. Mi madre deja caer el cucharón en la cazuela de alubias. Mi padre pausa el villancico a mitad del estribillo. Y yo bueno, casi me atraganto con la polvorona.
¿Falta alguien por llegar? pregunta mi madre, repasando mentalmente la lista de invitados.
Mi hermano Javier levanta la vista desde el sofá, donde juega a construir una torre con bloques junto a su hija de cuatro años, Lucía. El rostro se le pone blanco como las paredes de la abuela.
No puede ser musita.
Pero sí que puede. Porque al abrir la puerta, allí está Elena mi ex cuñada, desde hace seis meses, con una bandeja de ensaladilla rusa en una mano y una botella de vino de Rioja en la otra.
¡Familia! exclama con una sonrisa radiante. ¡Feliz año nuevo!
Se hace un silencio tan denso que podría cortarse con el cuchillo del jamón.
Elena empiezo a decir, buscando cómo abordar la situación. ¿No?
¿No que me he separado de Javi? Claro sigue ella como si nada. Pero me he separado de ÉL, no de vosotros. ¿Vamos a celebrarlo sólo con Javi? No, ¿verdad? Lo celebramos con la FAMILIA.
Mi madre que tiene el don de la diplomacia es la primera en reaccionar.
Pues tiene su lógica.
¡Mamá! protesta Javier.
¡Tía Elena! grita Lucía y se lanza a abrazarla.
En ese momento, entendimos que ya habíamos perdido la batalla.
La cena fue, sin duda, la más surrealista y armoniosa de mi vida. Elena se sienta en su lugar de siempre, ayuda a servir el pavo y hasta le pasa la sal a Javier con una naturalidad pasmosa, mientras el resto seguimos boquiabiertos.
¿Un poco más de puré? le ofrece a mi hermano.
Sí, gracias responde él completamente descolocado.
¿Sigues roncando como una moto?
Elena, por favor
Tu nueva novia debe saberlo. Es importante.
¡No tengo nueva novia!
Ah, perfecto. No hay prisa entonces.
Mi padre me da una patada bajo la mesa, intentando aguantarse la risa. Mi madre pone cara de estar totalmente concentrada en su copa de vino.
Lo más extraño, de verdad, fue el momento de los regalos. Elena traía para TODOS. Incluso para Javier: un libro sobre meditación y control de la ira.
A veces te pones muy intenso con el tema del reciclaje explica ella, mientras él abre el regalo apretando la mandíbula.
Pero lo que finalmente derritió cualquier resistencia fue cuando Lucía se durmió en el sofá con la cabeza en el regazo de su madre y los pies sobre las piernas de su padre. Elena y Javier se miraron. Una de esas miradas que sólo se dan quienes han compartido mucho.
Sigues siendo de la familia susurra mi madre, apoyando su mano en la de Elena. Separados o no.
Y mientras fregamos los platos después de la cena, no puedo evitar pensar que mi familia es completamente disfuncional y absolutamente nuestra.
Javier pasa por la cocina, llevando a Lucía dormida hacia el coche.
Te llevo a casa le dice a Elena, suspirando resignado.
¡Qué caballero! ¿Ves por qué me casé contigo?
¿Ves por qué nos divorciamos?
Pero los dos sonríen, y me pregunto cómo seguirá esta historia en el año que acaba de empezar.







