Ahí estoy yo, entrando en el centro comercial con mis dos hijos de la mano cuando lo veo. Él. Mi ex. El mismo que lleva meses sin dar ni un euro para los niños, siempre con el no puedo, ando fatal de dinero cuando le pido unas zapatillas nuevas para el colegio o materiales para clase.
Pero ahí estaba, en la tienda más cara de zapatos de todo Madrid, acompañando a sus dos hijastros, probándoles deportivas de marca como si fuera un empresario de éxito. Sentí cómo la sangre me hervía, pero en vez de montar un numerito, respiré hondo y me dije: Esto no va a quedar así.
Me acerqué despacio, agarrando fuerte la mano de mis hijos, justo cuando él estaba absorto en el móvil y los niños se probaban unas Nike que costaban el sueldo de medio mes. La dependienta guardaba las cajas.
Disculpe, señora le dije con mi sonrisa más amable , ¿tiene estos modelos en el número 32 y 35?
La dependienta me miró medio sorprendida.
Claro, ¿para?
Para mis hijos, por supuesto respondí, y luego, elevando la voz: Mi marido va a pagar todo junto, ¿verdad, cariño?
Mi ex levantó la vista del teléfono, como si le hubiera caído encima una tormenta eléctrica. Los ojos le salían de las órbitas.
¿Qué? empezó a balbucear, pero yo ya estaba ayudando a mis pequeños a probarse las zapatillas.
Sí, sí, él se encarga de todo le dije tranquilamente a la dependienta. Somos una familia moderna, ya sabe. Estos son sus hijastros y estos los nuestros. Siempre insiste en tratarlos igual, ¿a que sí, querido?
Mi ex se puso rojo como un tomate. Intentó protestar, pero la dependienta ya traía más cajas y yo le guiñé un ojo.
Les quedan perfectas, señora. Nos llevamos todas.
Y en ese momento, mientras ella anotaba los pares, vi unas deportivas coral espectaculares en la estantería. Justo mi estilo.
Disculpe, ¿me puede traer esas coral en el 38?
¿Para usted? preguntó la dependienta.
Sí, para mí respondí, mientras me las ponía. ¡Ay, me quedan divinas! ¿Tiene también esos elegantes negros de ahí? Los necesito para el trabajo.
¿MÁS? logró decir mi ex, casi sin aire.
Cariño, no seas tacaño le dije dulcemente. Sabes que necesito calzado cómodo para trabajar. Y estas deportivas me vienen genial para llevar a los niños al parque. Siempre te lo digo, que me hacen falta nuevas.
La pobre dependienta, ajena al drama, sonreía e iba sumando.
Perfecto, en total son ocho pares anunció, empezando a hacer cuentas en el terminal.
Me levanté, besé rápido a mis hijos y me acerqué a mi ex.
Bueno, cariño, yo me voy, tengo más cosas que comprar. Los niños se quedan contigo, ¿vale? Luego me los traes a casa.
Antes de que pudiera reaccionar, cogí las bolsas de las zapatillas de MIS hijos Y MÍAS y salí tranquila rumbo a la salida, sintiéndome como toda una reina.
Lo último que escuché fue la voz de la dependienta:
Son 500 euros. ¿En efectivo o con tarjeta, señor?
Cuando llegué al parking, por fin me permití reír a carcajadas. Su cara era digna de un cuadro. Miré mis nuevas deportivas en la bolsa y pensé: Esto sí que es justicia divina.
Esa noche, cuando me trajo a los niños (cómo no, media hora tarde), tenía una expresión entre indignación y resignación. Los hijastros se habían quedado en casa.
Eso que hiciste fue empezó él.
¿Qué? le interrumpí con mirada inocente. ¿Que me aseguré de que TUS hijos también tuvieran zapatillas nuevas? De nada, cariño. Es lo mínimo que podías hacer.
Se quedó un momento callado, luego negó con la cabeza.
Ocho pares OCHO. ¿Y tú de verdad necesitabas dos?
Nunca sabes cuándo vas a necesitar deportivas cómodas, cariño. Además, ¿cuántos meses me debes de manutención? Considera esto como un pago por adelantado.
Estás loca.
No, estoy cansada le respondí. Hay diferencia. Y ahora además, voy bien calzada.
Se dio la vuelta para irse, pero antes de subir al coche le oí murmurar:
Ocho pares al final me sale más caro que pagar la manutención directamente
Exactamente, genio, pensé mientras cerraba la puerta.
Mis hijos vinieron corriendo a abrazarme, felices con sus zapatillas nuevas. Esa misma noche me puse las coral para dar un paseo y me sentí fabulosa.
¿Estuve mal? Puede. ¿Me arrepiento? Ni un segundo. Y tú, ¿qué harías en mi lugar?







