Mi ex marido no daba ni un euro para nuestros hijos, pero le vi comprando zapatillas de marca a sus …

Hoy quiero dejar constancia de algo que viví y que me cambió por dentro. Estaba en el centro comercial con mis hijos, Lucía y Jimena, cuando vi a mi exmarido, Ignacio. Ese hombre que lleva meses sin dar un solo euro para las niñas, siempre con la excusa de no puedo, es que tengo problemas económicos. Y sin embargo allí estaba, en la tienda más exclusiva del centro, eligiendo zapatillas de marca para sus hijostras, hijos de su nueva pareja, como si fuera el mismísimo Amancio Ortega.

La rabia me subió por dentro, pero me contuve. En vez de montar un escándalo, respiré hondo y pensé: Esto no se va a quedar así.

Me acerqué despacio, agarrando a mis hijas de la mano, justo cuando él estaba revisando el móvil y sus hijastros probaban unas Nike carísimas. La dependienta recogía cajas.

Disculpe, señorita dije con mi mejor sonrisa ¿tiene estos modelos en los números 32 y 35?
La dependienta me miró sorprendida.
Por supuesto. ¿Para…?
Para mis hijas respondí, y elevando la voz, añadí : Mi marido pagará todo junto, ¿verdad, cariño?
Ignacio levantó la vista del móvil como si le hubieran dado un susto de muerte. Los ojos le salían de las órbitas.
¿Qué…?
Pero yo ya sentaba a Lucía y Jimena para que probaran las zapatillas.
Sí, sí, él paga todo le dije a la dependienta con tranquilidad . Somos una familia reconstruida, ¿me entiende? Estos son sus hijostras y estas son nuestras hijas. Él siempre insiste en que todos sean tratados igual, ¿verdad, amor?
Ignacio estaba rojo como un tomate. Quiso protestar, pero la dependienta ya venía con las cajas y yo le guiñé el ojo.

Les quedan perfectas, señorita le dije . Nos llevamos estos pares.

Mientras ella tomaba nota, me fijé en unas zapatillas deportivas color coral en la estantería. Justo de mi estilo.

Perdón, ¿tiene estas en el 38? Las coral.
¿Para la señora? preguntó.
Sí. Para mí respondí mientras me las probaba . Qué bien me sientan. ¿Y tiene esas negras elegantes? Las necesito para el trabajo.

¿Más? consiguió decir Ignacio, casi atragantado.
Cariño, no seas tacaño le dije con dulzura . Sabes que necesito calzado cómodo para trabajar. Y estas deportivas me vienen bien para llevar a las niñas al parque. Llevo meses diciéndote que necesito unas nuevas.

La dependienta, ajena al drama, no hacía más que sonreír y tomar nota.

Perfecto, en total ocho pares anunció, empezando a calcular en el terminal.

Me levanté, besé a las niñas e me acerqué a Ignacio.
Bien, amor, me voy. Tengo más compras que hacer. Las niñas quedan contigo, ¿vale? Luego me las traes a casa.

Antes de que pudiera protestar, cogí las bolsas de zapatillas DE MIS hijas Y LAS MÍAS y salí del local como una reina, sintiéndome poderosa.

Lo último que oí fue la voz de la dependienta:
Son 500 euros. ¿En efectivo o con tarjeta, caballero?

Al llegar al parking, no pude evitar soltar una carcajada. Su cara era para enmarcar. Miré mis nuevas zapatillas en la bolsa y pensé: Esto sí que es justicia divina.

Por la noche, cuando trajo a las niñas (media hora tarde, como no podía ser de otra manera), llevaba una expresión mezcla de indignación y resignación. Sus hijastros, por supuesto, no venían.

Lo que hiciste fue…
¿El qué? le interrumpí con mirada inocente ¿Encargarme de que TUS hijas tuvieran zapatillas nuevas? No hay por qué, cariño. Es lo menos que podías hacer.

Se quedó callado, después negó con la cabeza.

Ocho pares… OCHO. ¿De verdad necesitabas dos para ti?
Nunca sabes cuándo vas a necesitar zapatillas cómodas, amor. Además, ¿cuántos meses de pensión me debes? Considéralo un adelanto.

Estás loca.
No, estoy cansada le respondí . Y ahora, bien calzada.

Se marchó, y antes de subirse al coche lo oí murmurar:
Ocho pares… más caro que la pensión…

Eso es, genio, pensé mientras cerraba la puerta.

Las niñas vinieron corriendo a abrazarme, felices con sus zapatillas nuevas. Yo me puse las corales esa misma noche para pasear y me sentí estupendo.

¿Estuvo mal? Quizá. ¿Me arrepiento? Ni un poco. Y si tuvieses mi vida, ¿qué hubieras hecho tú?

Hoy aprendí que la justicia a veces se la tiene que buscar uno mismo.

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MagistrUm
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