Me crió mi abuela. Por supuesto le estoy agradecido, pero su amor no fue desinteresado

Me crio mi abuela. Por supuesto, le estoy agradecido, pero su cariño no era del todo desinteresado.

Tan solo tenía cinco años cuando mi querido padre decidió que no quería una familia y nos abandonó por una amante mucho más joven que mi madre. Como al principio vivíamos en su piso de Madrid, justo tras el divorcio nos exigió a mi madre y a mí que nos marcháramos de allí.

Tuve que irme a vivir con mi abuela, la madre de mi madre, en un humilde barrio de Salamanca. Mi padre fue tan valiente que ideó mil formas de no pagar la pensión alimenticia. Resumiendo, mi madre y yo nos quedamos sin un solo euro y nos acogió mi abuela en su pequeño apartamento. Aquello fueron tiempos duros. Mi abuela solo cobraba una pensión muy baja, mi madre pasaba semanas enteras trabajando fuera, y yo, después de clase, tenía que encargarme también de todas las tareas del hogar.

Cuando fui creciendo, a veces faltaba al colegio para ir a trabajar en una obra, así que estudiar era casi imposible. Sentía una tristeza enorme por mi madre y mi abuela, que apenas llegaban a fin de mes con esos pocos euros. Incluso decidí que, al terminar la ESO, dejaría los estudios y buscaría un trabajo fijo.

Entonces apareció la hermana de mi abuela, la tía abuela Nina. Me ofreció llevarme a vivir con ella a Valladolid: me ayudaría con los estudios y se haría cargo de mis gastos. La tía abuela Nina nunca tuvo hijos, así que tenía muchas ganas de cuidarme. Mi madre y mi abuela aceptaron la propuesta.

Así acabé instalada con la abuela Nina. Mi madre y mi abuela nos visitaban de vez en cuando. La verdad es que mi vida mejoró mucho con ella. La abuela Nina tenía una pensión digna y yo podía centrarme solo en estudiar, sin tener que trabajar. Me enseñó a cocinar, a coser, a valerme por mí misma. Terminé el instituto con matrícula de honor y logré entrar a la Universidad Complutense de Madrid para estudiar Derecho.

La abuela Nina siempre repetía que, en cuanto terminara la carrera, me dejaría su piso en herencia. Decía que yo era como su propia familia y quería ayudarme para que tuviera un buen futuro. Pero el destino nos tenía reservada una sorpresa. En tercero de carrera conocí a Inés.

Dios mío, era guapísima y muy inteligente. Nos enamoramos perdidamente y supe que quería casarme con ella. Cuando la abuela Nina lo supo, montó un escándalo. Aseguró que Inés solo quería mi piso y que no me amaba de verdad.

Me advirtió que si no la dejaba, no sería la heredera de su vivienda. Por supuesto, hablé con Inés de todo esto. Mi chica me propuso dejarlo estar, si la vivienda era tan importante para mí, pero también me dijo que ella estaría a mi lado incluso viviendo en una habitación compartida, porque me quería de verdad. Al final, aposté por el amor. La abuela Nina cortó todo contacto conmigo. Me quedé sin piso, pero no sin amor.

Hoy celebramos nuestro décimo aniversario de boda. Tenemos dos hijos y nuestro amor es más fuerte que nunca. Cada año estoy más convencida de que tomé la decisión correcta.

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Me crió mi abuela. Por supuesto le estoy agradecido, pero su amor no fue desinteresado