Me casé hace seis meses y desde entonces hay algo que no me deja en paz. La boda fue en un jardín con música a todo volumen, luces y gente bailando, pero en un momento salí a tomar aire y vi a mi mejor amigo y a mi mujer discutiendo en un rincón, cerca de los baños. Noté sus gestos tensos, el ambiente cortante y hasta escuché a mi amigo decir: “Este tema no se vuelve a hablar”. Cambiaron de tema enseguida cuando me acerqué y durante el resto de la noche apenas se dirigieron la palabra. Nadie ha vuelto a mencionar aquel momento, ni ha habido mensajes raros o comportamientos extraños desde entonces. Han pasado seis meses y aún sigo dándole vueltas: ¿Qué se hace con una sospecha así cuando no tienes pruebas, solo la sensación de que aquel día sucedió algo?

Me casé hace seis meses, y desde entonces hay algo flotando en mi cabeza como la niebla que se agarra a los patios tras la lluvia de abril.

La boda tuvo lugar en un jardín antiguo de Segovia, las luces colgaban de los naranjos, la música era tan alta que parecía desdoblar el aire mismo. La gente bailaba entre las fuentes y las bugambilias, y de repente sentí el deseo irracional de escapar de todo aquel bullicio. Salí del salón principal a respirar hondo, como si buscara el perfume perdido de la infancia.

Desde lejos, entre una sombra azulada y los setos, vi a mi mejor amigo, Tomás, y a mi mujer, Carmen, cerca de los aseos, bajo una lámpara amarilla que titilaba como un farol de feria. No charlaban como dos conocidos. No. Se movían con los gestos rotos del enfado.

Las manos de Carmen dibujaban figuras nerviosas en el aire, los dedos como pájaros asustados. Y Tomás tenía la mandíbula apretada como si guardara una canica de nostalgia en la boca. La música ahogaba cualquier palabra, pero la discusión era un incendio de silencios.

Me acerqué, deslizándome casi sin peso, invisible como en un sueño en el que nadie recuerda tu nombre. Cuando estuve suficientemente cerca, oí la voz de Tomás resbalar entre los acordes de una jota:
Este tema no se vuelve a hablar nunca más.

Sus palabras fueron como un cuchillo de Toledo, rectas, secas.

Y entonces me notaron. Les pregunté, flotando entre los dos, qué ocurría, de qué tema hablaban.

Ambos se quedaron con la boca abierta. Carmen reaccionó primero Nada, tonterías, cosas sin importancia dijo mientras se alisaba el vestido. Tomás añadió atropelladamente que discutían por una apuesta, un juego absurdo él propuso algo, ella se negó, fin del asunto. La explicación era un ovillo enredado, rápida, sin detalles, como una postal borrosa.

Enseguida cambiaron la conversación y volvieron a la celebración, metiéndose entre la gente, recobrando la sonrisa prestada de quien quiere olvidar un mal sueño.

El resto de la noche intenté sostener el ánimo festivo; brindis, risas, bailes de sevillanas bajo las guirnaldas. Pero cada vez que los miraba, ellos apenas intercambiaban palabras y evitaban mirarse siquiera. Ante mí, no se dirigieron otra vez la palabra.

Aquella noche guardé silencio.

Después de la boda, la vida siguió, o algo parecido. Empecé a convivir con Carmen en nuestro piso de Madrid. Seguimos quedando con Tomás y su pareja, a veces en las terrazas, a veces en cumpleaños o cenas de tapeo. Nadie mencionó jamás aquel instante. No hubo mensajes extraños, ni llamadas sospechosas, ni rastro material en el aire del pasado a lo que aferrarme.

Solo ese momento.

Pero el momento no se evaporó, es un animal dormido bajo la cama. La frase exacta. El tono. La prisa como una ráfaga de viento al cerrar el diálogo. La reacción cuando aparecí, como si yo fuera un personaje inesperado en una zarzuela.

No tengo pruebas. No existen cartas, ni escenas, ni confesiones. Solo la discusión escondida de aquel día de mi boda, y la sensación de que interrumpí algo que no debía oír en mi propia casa de los sueños.

Han pasado seis meses, y sigo dándole vueltas como quien gira una moneda de dos euros en el bolsillo. No he reprochado nada a nadie.

Y ahora me pregunto:

¿Qué se hace con una sospecha así, cuando no tienes nada firme, solo el presentimiento de que aquel día de primavera ocurrió algo que siempre quedará colgado de las ramas de la memoria?

Rate article
MagistrUm
Me casé hace seis meses y desde entonces hay algo que no me deja en paz. La boda fue en un jardín con música a todo volumen, luces y gente bailando, pero en un momento salí a tomar aire y vi a mi mejor amigo y a mi mujer discutiendo en un rincón, cerca de los baños. Noté sus gestos tensos, el ambiente cortante y hasta escuché a mi amigo decir: “Este tema no se vuelve a hablar”. Cambiaron de tema enseguida cuando me acerqué y durante el resto de la noche apenas se dirigieron la palabra. Nadie ha vuelto a mencionar aquel momento, ni ha habido mensajes raros o comportamientos extraños desde entonces. Han pasado seis meses y aún sigo dándole vueltas: ¿Qué se hace con una sospecha así cuando no tienes pruebas, solo la sensación de que aquel día sucedió algo?