Mi hija echó a su marido de casa, ¿te lo puedes imaginar? Apenas llevan casados un año y ya ha pedido el divorcio. Su padre y yo le organizamos una boda digna, le dimos el piso de su abuela y
¿Qué ha pasado?
Mi hija nunca pudo llevarse bien con su suegra. El yerno es buen chico, no puedo decir nada malo de él.
La suegra crió sola a su hijo y a su hija. Las adversidades de la vida endurecieron su carácter. Es una mujer autoritaria, muy rígida. Sus hijos siempre han seguido sus pasos, como si fueran sombras pegadas a su voluntad.
Su hija mayor estuvo sola hasta los treinta, porque a la madre no le gustaban los pretendientes. Ahora es adulta, pero sigue sin poder decidir nada sin el visto bueno materno. Cuando redecoraba su piso, llamaba a la madre y ella le dictaba hasta el color del papel pintado.
El yerno tiene poca voluntad. Se somete a la suegra, pero mi hija no es así. Ella trabaja todos los fines de semana en su casa rural. Mi suegra nunca les permite ir a la playa. Dice que no hay que gastar dinero en frivolidades. Y si quieren bañarse, que lo hagan en el río.
La suegra nunca bendijo el matrimonio de mi hija con su hijo. Nunca la aceptó y jamás lo escondió. Justo después de la boda, corrió a comprobar qué tipo de ama de casa era su nuera. Pero no calló ni un segundo proclamó que el piso era suyo. Mi hija dejó de visitar a su suegra porque sentía toda esa negatividad. También se negó a ir a la casa rural.
Un año después de la boda, mi hija quiso viajar a Sevilla. ¿Por qué no? Puede permitírselo, gana bien. Su marido también, no es un holgazán. Hablaron del viaje y empezaron a buscar opciones. Entonces la suegra se enteró… la mujer agita la cabeza.
¿A Sevilla? ¿Tan cansada estás que tienes que irte de vacaciones? Si te sobra el dinero, dámelo a mí, que ya le encuentro buen uso. Tu mar es la casa de campo. Si no me obedeces, hijo mío, recuerda que no tienes madre.
El yerno empezó a convencer a su esposa de que su madre tenía razón. A mi hija eso no le convenció:
Siempre hacemos lo que quiere tu madre. ¿Y cuándo viviremos para nosotros? ¿Cuándo llegará nuestra hora? Mientras viva, nunca podremos alejarnos de esa casa rural dijo mi hija, y se marchó sola de vacaciones.
La suegra de mi hijo empezó a volverlo contra su mujer. Claro, tiene un amante en Sevilla, por eso ha viajado sin él. Lo martilleó tanto que aceptó divorciarse.
Y quizás haya sido para bien. Hubiera sido peor si hubieran tenido hijos. Mi hija habría pasado la vida obedeciendo órdenes, hasta en qué ropa interior comprar para el niño. Ella no iba a bailar al son que tocaba mi suegra.
Mi hija le guarda rencor por haber perdido tanto tiempo. Pero nunca iba a soportarlo y tampoco iba a vivir bajo la dictadura de nadie. Sabe que encontrará a otro hombre y dejará que su ex marido viva con su madre, envueltos en la extraña bruma del sueño español, donde el Guadalquivir fluye hacia el olvido y los relojes cuelgan blandos del balcón.






