Mamá salió de casa y no regresó. El niño la esperó hasta el amanecer.

Conocía a mi madre desde que era un bebé. Siempre estuvo a mi lado, y no tenía a nadie más. Mi padre la había abandonado antes de que yo naciera. Era de noche. De pequeño, prometí ser valiente y esperar a que mi madre volviese a casa.

Le prometí que aguantaría y la esperaría, aunque no sabía la hora exacta a la que regresaría.

Pasó una hora, luego dos, y aún no volvía. Yo, que apenas tenía cinco años, rompí a llorar y me metí en el dormitorio, por si acaso, a ver si estaba allí. Pero no estaba, y tampoco encontré los zapatos con los que había salido.

El miedo empezó a apoderarse de mí y volví a llorar hasta quedarme dormido.

Me despertaron los primeros rayos de sol que entraban por la ventana y caían sobre mi camita. Al levantarme, volví a buscar a mi madre. No me atreví a ir a casa del vecino, ya que mi madre decía que allí vivía un tío grosero que siempre estaba borracho y le gustaban las peleas. Yo le tenía miedo.

Salí a la calle esperando ver a mi madre. Los transeúntes apenas se fijaban en mí. Cansado de buscar, me senté en un banco del parque. A mi lado, una señora mayor se encontraba sentada. Me senté y no pude reprimir las lágrimas. Ella me miró y preguntó qué me pasaba.

Vuelve a casa, dijo, pensando que sería uno de esos niños traviesos, y me dio una manzana. Aun así, seguí buscando. Las personas adultas con las que me cruzaba estaban demasiado ocupadas para prestarme atención.

Acabé tan exhausto que me dormí en el parque. Cuando cayó la noche, tenía frío y hambre. Alguien avisó a la policía. Así acabé en la comisaría. Después, me llevaron a otro sitio y me entregaron a una señora.

Quiero a mi mamá volví a llorar, esperando verla. Pero en la habitación a la que me llevaron no estaba mi madre.

Apareció otra mujer, me trajo ropa y me ayudó a cambiarme. Luego me tomó de la mano y me llevó a otro lugar, donde había otros niños como yo. Me apoyé contra la pared y estuve allí quieto mucho rato, mareado, dándome cuenta de que mi madre estaba lejos, muy lejos, y quizás nunca iba a volver.

P.S. Aquella noche, cuando salió de casa, mi madre fue atropellada por un coche y murió.

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Mamá salió de casa y no regresó. El niño la esperó hasta el amanecer.