¡Magnífico! El marido pasa la noche con su actual esposa y el día con la exesposa

Recuerdo ahora, tras el paso de los años, cómo con 38 de primaveras me instalé a vivir con un hombre cinco años mayor que yo. Javier, así se llamaba, había pasado ya por un matrimonio; tenía dos hijos pequeños y una exesposa, Carmen, que no trabajaba y que, casi a diario, le pedía dinero o algún tipo de ayuda al anochecer.

Yo, en cambio, jamás me casé antes ni tuve descendencia. Puede que algunos pensaran entonces que no comprendería qué significa criar a unos hijos o sostener una familia. Pero no era así; comprendo ese vínculo, y también sé que no es razonable compartir tu vida con una mujer mientras tu corazón y tus hechos aún se dirigen una y otra vez hacia otra.

Carmen, la exmujer de Javier, parecía no resignarse a su nueva situación. Llamaba invariablemente todos los días con cualquier contratiempo. Javier salía a verlos nada más terminar su jornada en la oficina y, de vuelta, no regresaba a casa hasta altas horas de la noche. Ni siquiera en Navidad podíamos disfrutar de una velada tranquila, sólo los dos. De nuevo sonaba el teléfono, siempre surgía algún asunto. ¿Y por qué tenía que marcharse Javier?

Toda su familia y buena parte de sus amigos vivían cerca, en torno a Madrid. La respuesta era evidente: Carmen quería recuperar al que había sido su marido. Yo, cansada de este ir y venir interminable, me preguntaba entonces: ¿qué debía hacer? ¿Separarme de él? Hablarlo con Javier no solucionaba nada… Y así, con el paso del tiempo, quedó grabado ese sentimiento de incertidumbre y fatiga en mi memoria.

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