Mi hermana está obsesionada con su trabajo, completamente volcada en su carrera profesional, comenta Rebeca, Tiene cuarenta años, está soltera y no tiene hijos. Ya se ha comprado un piso y un coche. Apenas habla conmigo o con nuestros padres, pero parece esperar algo de ellos.
Rebeca y su hermana mayor siempre han tenido una relación más bien distante desde la infancia, por culpa de diferencias evidentes de carácter y hasta de aspecto. Rebeca es de personalidad tranquila, casada desde joven, con tres churumbeles y volcada en el arte de gestionar la casa. Su hermana, en cambio, es de esas que no paran quietas, muy ambiciosa y siempre ha dado el callo para conseguir lo que quiere. Se pasa la vida viajando por trabajo, y durante las fiestas familiares suele aparecer poco por la casa de los padres. Rebeca, en cambio, mantiene lazos estrechísimos con sus padres: le ayudan con los niños, los llevan a actividades y celebran cumpleaños y Navidades en su espacioso piso de tres habitaciones.
Por ahora, Rebeca y su familia tienen que apañarse en un modesto piso de un dormitorio. Viendo el panorama de hacinamiento, los padres de Rebeca le han dado muchas vueltas al asunto y, al final, decidieron ofrecerle un cambio de piso. El suyo, el de los padres, ya no les sirve como antes y tampoco tienen opción de ampliarlo ni de pedir una hipoteca (solo trabaja el marido de Rebeca, y el dinero no da para mucho). Así que quisieron ayudar a la hija cediéndole el piso y transfiriendo la propiedad inmediatamente a nombre de Rebeca.
Pero lo que nadie esperaba era la reacción de la hermana mayor. Esta se quejó con vehemencia: ¿Y entonces el piso es para Rebeca y yo qué? ¿No soy también vuestra hija?. Su madre intentó explicarle: Cariño, entiende nuestra posición. No te estamos dejando de lado. Tú te has apañado sola para todo, y si algún día quieres algo más grande, seguro que lo consigues. La situación de Rebeca es más urgente, tiene familia, niños y vive en un piso minúsculo. Sin embargo, a pesar de la explicación, la hermana mayor se sintió ninguneada y reaccionó con cierto resquemor. Rebeca intervino: Se comporta como una niña mimada porque no le han dado chuches. Mamá tiene razón, nosotros necesitamos más. Ella lo tiene todo. ¿Que quiere otro viaje a Bali? Además, es ella la que ha decidido alejarse: ni contesta el móvil en semanas. Es egoísta.
La cuestión es: ¿La hermana mayor es egocéntrica por ignorar las necesidades de Rebeca, o la independencia y los derechos de ella como hija merecen poner atención sobre su propio piso?




