Mi hermana está completamente absorbida por su carrera, centrada en el trabajo como si fuera la directora general del universo, dice Carmen, Tiene 40 años, está soltera y no tiene hijos. Ya se ha comprado un piso y un coche. Rara vez habla conmigo o con nuestros padres, pero parece esperar algo de ellos.
Carmen y su hermana mayor, Inés, siempre han tenido una relación distante, prácticamente desde la infancia. Se debe a la diferencia abismal entre sus personalidades y hasta en su aspecto. Carmen es una mujer tranquila, muy de casa y familia, que se casó joven, tiene tres hijos y se dedica a cuidar el hogar aplicando el método de la abuela para la limpieza. Inés, por otro lado, es la versión femenina de un ejecutivo frenético: trabajadora, ambiciosa y con una agenda de viajes de negocios que haría temblar a cualquier ministro. Apenas coinciden en casa de sus padres durante las fiestas o cumpleaños, porque Inés siempre está en París o Barcelona firmando algo importante. Carmen mantiene un vínculo fuerte con sus padres, quienes hacen de canguros, llevan a los niños a fiestas y hasta organizan celebraciones con tarta de Santiago en su amplio piso de tres habitaciones.
Actualmente, Carmen y su familia viven en un apartamento minúsculo, el típico de una habitación donde entras y tropiezas con los muebles y los niños. Viendo a la familia en modo sardina enlatada, los padres de Carmen se devanaron los sesos pensando cómo podrían ayudar. Tras muchas vueltas, decidieron ofrecerles a Carmen y su marido un intercambio de piso. El suyo, con una sola habitación, no les sirve, y tampoco pueden ampliar ni pedir hipoteca solo trabaja el marido de Carmen, así que el banco ni les mira. Querían facilitarles las cosas haciendo el cambio y poniendo la propiedad a nombre de Carmen de inmediato.
Lo que no previeron fue la reacción de Inés. La hermana mayor protestó, como si le hubieran quitado el jamón ibérico de la boca: ¿O sea, que todo el piso es para Carmen? ¿Y yo? ¿No soy vuestra hija también?. La madre intentó poner paz: Querida, entiéndenos. No te estamos olvidando. Tú lo has conseguido todo sola. Si quieres algo más grande, sabemos que puedes; eres más lista que el hambre. Pero lo de Carmen es urgente: tiene familia, niños y un piso tan pequeño que ni caben las croquetas. Y tú tienes de todo. Si quieres otra escapada a Cádiz o a Bali, ve, pero comprende nuestra situación. Ni por esas; Inés se sintió marginada y puso una cara de resentimiento que solo se suavizó al mencionarle el vino de la cena.
Carmen, viendo la escena digna de una telenovela de sobremesa, intervino: Se comporta como una niña mimada porque no le han dado caramelos. ¡Mamá tiene razón, realmente necesitamos esa ayuda! Ella lo tiene todo: viajes, piso, coche. No le falta de nada. Además, fue ella quien decidió distanciarse; no responde al móvil durante semanas. Eso sí es egoísmo.
¿Está Inés siendo egoísta por no atender las necesidades de su hermana, o tiene derecho a reclamar su parte por ser hija, y por tanto merece atención sobre el piso? La vida en familia nunca fue sencilla, pero en España, incluso el reparto de las llaves del piso puede sacar más chispas que una sobremesa con política.




