Los niños dijeron que no volverán jamás a casa de su abuela. Después de esto, no pienso darles nada más.

Mi hija se me echó al cuello llorando: Mamá, no quiero volver nunca más a casa de la abuela. No quiero ir nunca más, por favor, mami.

Y todo esto después de solo tres días en los que los niños se habían quedado con el padre y los padres de mi marido. Ellos viven en un pueblo, en una casa de campo. Mi niña pequeña tiene 4 años y la mayor 6. El abuelo había insistido muchísimo en que los niños se quedaran ese fin de semana con ellos. Y luego ya me enteré del motivo…

Lucía (la protagonista), nunca se llevó bien con los padres de su marido. Más de una vez su suegra dejó claro que pensaba que Lucía no estaba a la altura de su hijo. Por eso, Lucía aguantaba como podía, pero aquel ambiente en la casa de su suegra nunca le gustó. Siempre acababan discutiendo, todo era tensión y malos rollos. Hasta el propio marido de Lucía salía de esa casa de mal humor cada vez que iban a ver a sus padres.

Con el tiempo, empezaron a ir solo en ocasiones muy especiales. No podían negarse a ir en el cumpleaños redondo del suegro, especialmente porque hacía mucho que los nietos no veían a sus abuelos.

La celebración fue bien, para sorpresa de todos. Ni una sola palabra desagradable hacia ninguna mujer, cosa rara en esas reuniones. El abuelo convenció a los nietos para quedarse unos días, hasta les prometió dar una vuelta en moto de campo por los caminos nevados.

Claro, los niños estaban emocionadísimos con la idea del abuelo y empezaron a suplicar a Lucía que les dejara quedarse. Aunque a los abuelos nunca les había dado por comprarles ni una simple chuche, Lucía acabó aceptando. También le venía bien porque por fin iba a poder pintar la casa, algo imposible con los niños en medio. Si llego a saber lo que iba a pasar

Cuando los niños regresaron a casa, solo lloraban, deshechos los dos. La pequeña empezó y la mayor enseguida igual. No querían contar nada a sus padres, les costó mucho desbloquear ese silencio y enterarse de todo.

El abuelo había llevado a las niñas por la nieve en la moto de campo, se lo pasaron fenomenal en la sierra. Pero la abuela, delante de las niñas, empezó a criticar duramente a su madre. Y cuando la mayor intentó defender a su madre, la abuela le agarró del brazo y la llevó de malas formas al cobertizo de los perros. La niña llevaba solo la ropa de andar por casa, y aquello sucedió en pleno invierno. Empujó incluso a la pequeña fuera y cerró la puerta a las dos en la cara.

En ese momento el abuelo estaba en el garaje. Salió corriendo al oír los llantos y, cuando vio lo que pasaba, se quedó blanco. Por primera vez en su vida, según él, perdió los papeles con su mujer. El abuelo luego rogó a las niñas que no contaran nada a sus padres. Decía que las quería con locura y temía no volverlas a ver nunca más.

Y mira, al final, se ha cumplido el dicho de que la confianza da asco. Yo te juro que ya no voy a dejar a mis hijas con esa gente nunca más. Si te cuento este drama es para que te acuerdes antes de aceptar a la ligera dejar a los peques ahí.

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MagistrUm
Los niños dijeron que no volverán jamás a casa de su abuela. Después de esto, no pienso darles nada más.