Lo más doloroso que me ocurrió en 2025 fue descubrir que mi marido me estaba engañando… y que mi hermano, mi primo y mi padre lo sabían desde el principio.
Habíamos estado casados once años. La mujer con la que mi marido mantenía la relación era secretaria en la empresa donde trabaja mi hermano. Todo comenzó cuando mi hermano le presentó a esa mujer. No fue casualidad. Se encontraban en el trabajo, en reuniones, en eventos empresariales y hasta en las mismas comidas y fiestas sociales donde mi marido solía estar presente. Mi primo también los veía a menudo en ese entorno. Todos se conocían. Todos se veían con frecuencia.
Durante meses mi marido siguió viviendo conmigo como si nada pasara. Yo asistía a reuniones familiares, charlaba con mi hermano, con mi primo y con mi padre, sin sospechar ni por un momento que los tres sabían perfectamente lo que sucedía. Nadie me advirtió. Nadie me dijo nada. Nadie trató siquiera de ayudarme a prepararme para lo que estaban ocultando a mis espaldas.
Cuando me enteré de la infidelidad en octubre, enfrenté primero a mi marido. Él confesó la relación. Después hablé con mi hermano. Le pregunté directamente si lo sabía. Me dijo que sí, que lo sabía. Le pregunté desde cuándo. Me respondió: “Desde hace meses”. Le pregunté por qué nunca me había contado nada. Me dijo que no era su problema, que era cosa de pareja, y que “entre hombres esas cosas no se hablan”.
Después hablé con mi primo. Le hice las mismas preguntas. Él también lo sabía. Me reconoció que había visto actitudes, mensajes y comportamientos que lo dejaban todo claro. Cuando le pregunté por qué nunca me avisó, me respondió que no quería meterse en líos y que no era asunto suyo meterse en relaciones ajenas.
Finalmente lo hablé con mi padre. Quise saber si él también estaba al tanto. Me dijo que sí. Le pregunté desde cuándo. Me contestó que desde hacía mucho tiempo. Le pregunté por qué no había dicho nada. Me respondió que no quería conflictos, que esas cosas deben arreglarse entre marido y mujer y que él nunca se iba a meter. En realidad, los tres me dijeron lo mismo, cada uno con sus palabras.
Después de todo esto, cogí mis cosas y me fui de la casa, que ahora está puesta a la venta. No hubo escándalos públicos ni enfrentamientos, porque no pienso rebajarme por nadie. Ella sigue trabajando en la empresa de mi hermano. Mis familiares han continuado con las mismas relaciones tanto con mi ex marido como con ella.
En Navidad y Nochevieja, mi madre me invitó a celebrar con ellos, sabiendo que estarían mi hermano, mi primo y mi padre. Le dije que no podía ir. Le expliqué que no podía sentarme en la mesa con personas que sabían lo que ocurría y eligieron quedarse en silencio. Ellos celebraron juntos. Yo no estuve en ninguna de las dos citas.
Desde octubre no he vuelto a hablar con ninguno de los tres. Sinceramente, no creo que pueda perdonarles.







