Ya en primero de la ESO, Ainhoa ve cómo su compañero Iker la sigue con la mirada por todo el aula. Siente, incluso con la nuca, que sus ojos la atraviesan mientras él revisa su cuaderno; de vez en cuando se vuelve y sus miradas se cruzan al instante.
Ainhoa se ríe Lola, su mejor amiga, ese Iker no te suelta los ojos, yo lo sigo a distancia.
Lo sé, siento que me perfora con esos ojos negros contesta Ainhoa sonriendo, aunque en el fondo le gusta el chico.
Al fin Iker se arma de valor y, después de clase, la aguarda en la entrada del instituto. Titubea un poco, pero la voz le sale temblorosa:
Ainhoa, ¿te llevo a casa?
Ainhoa se pone nerviosa, pero Lola la empuja y ella acepta.
Vale, vamos, al fin y al cabo vamos por el mismo camino dice Iker fingiendo indiferencia.
Mientras caminan, Iker cuenta alguna anécdota, se ríen y el corazón de Ainhoa late a mil por la alegría. Así nace una amistad que pronto se vuelve amor de instituto. En pocos días todo el cole sabe que están juntos; Iker está siempre a su lado y, si alguien de otro curso intenta acercarse a Ainhoa, él lo aleja de inmediato.
Ainhoa siempre ha sido una chica preciosa. Cuando entró en primero, la profesora Elena García no pudo evitar decir:
¡Dios mío, Ainhoa, qué ojitos tienes!
Cerca del final de la etapa secundaria, Ainhoa e Iker deciden apuntarse al mismo grado universitario. Aprobamos los exámenes de acceso y, tras la graduación, nos despedimos del instituto y nos lanzamos a la vida adulta. Después de la prueba, Iker propone:
Ainhoa, vamos a mi casa de campo mañana, quedemos a pasar la noche. Así celebramos que hemos aprobado todo.
Ainhoa percibe que Iker, últimamente, se vuelve más insistente para estrechar su relación; ella se resiste y él se ofende.
Somos mayores, deja de aferrarte a principios. Algún día nos pasará, ¿no? Tú leíste Romeo y Julieta, y esos jóvenes también fueron más jóvenes que nosotros. Nadie los juzgó, al contrario, todos admiraron su amor le ruega Iker.
Ainhoa escucha en silencio, a veces asiente, pero le asusta la idea y teme perder a su Iker, al que ya ha acostumbrado y no se imagina una ruptura.
Iker se enfada y dice:
Vamos, Ainhoa, dime que sí.
No sé, quizá mi madre no me deje ir al campo, y mucho menos a pasar la noche.
Dile que allí estarán mis padres. ¿No puedes inventar algo?
Pedir permiso a su madre resulta complicado. La madre, mirando a su hija, responde con dureza:
¿Qué excusa vas a inventar ahora? No te dejo ir. Sé lo que vais a hacer y no quiero líos.
Mamá, los padres de Iker también estarán allí y su hermana mayor miente Ainhoa sin titubear. ¿No confías en mí?
Tras pensarlo un momento, la madre hace un gesto y dice:
Vale, ve. Al fin y al cabo no puedo vigilaros todo el día. Aunque sea un poco inapropiado que una chica vaya al campo de su chico.
En el autobús, ambos se toman de la mano. Ainhoa está nerviosa, siente que Iker también está inquieto y se imagina lo que sucederá. Cuando llegan a la casa, Iker la lleva de la mano a la habitación donde hay un sofá. Al ver el sofá, Ainhoa trata de retirar su mano.
Tranquila, no te asustes le dice Iker en tono suave, abrazándola y acostándola en el sofá.
Ainhoa se siente incómoda, la habitación está iluminada.
Hay luz aquí comenta Iker, y al tirar de las cortinas se lanza sobre ella.
Ainhoa, con todas sus fuerzas, lo empuja y se levanta del sofá, corre hacia la puerta y sale del edificio a toda prisa. No hay autobús esperando, pero de pronto ve a Iker.
Te acompaño dice él. No digas nada, no quiero escuchar tus excusas.
En la fiesta de fin de curso él no se acerca a ella; Lola le pregunta y Ainhoa guarda silencio. Después de la fiesta Iker no la llama. Pasa una semana y Ainhoa, dejando a un lado su orgullo, decide llamar a Iker. Contesta su hermana.
Iker se ha mudado a Barcelona para estudiar. Pensé que lo sabías
Han pasado veinte años. Ainhoa está casada con Óscar, tienen una hija y una vida tranquila. Iker la sigue recordando de vez en cuando; no le escribe, no se vuelven a ver, pero él aparece en sus sueños.
Esa noche Iker vuelve a soñar con ella; caminan de la mano por un campo de margaritas y, a lo lejos, el río brilla bajo el sol. Ainhoa sonríe, él la mira con tristeza, como despidiéndose, y finalmente suelta su mano y desaparece.
Ainhoa se despierta, mira a Óscar y suspira aliviada.
Duerme como un tronco. Le encanta dormir
Aún es temprano, pero no quiere volver a la cama. Se levanta sigilosamente y se dirige al baño, pasando por la habitación de su hija, que duerme plácidamente con el cabello claro esparcido sobre la almohada. Bajo la ducha reflexiona:
¿Por qué sigo soñando con Iker? Cada mañana siento una especie de melancolía, me enojo con Óscar ¿Será que me equivoqué al casarme? Llevamos años sin pasión ni romance, todo está muy ordenado, como si siguiera un horario.
Preparando el desayuno, quiere despertar a su marido, pero él ya ha salido de la habitación. Desayunan juntos; su hija está de vacaciones, es verano, y duerme cuanto quiere. De pronto suena el móvil y Ainhoa contesta.
¡Ainhoita, hola! exclama alegremente Rosa, su antigua compañera de clase. Perdona que llame temprano, sé que no duermes, pero tengo una noticia: nuestro antiguo curso quiere reunirse, ¡cumplimos veinte años desde que nos graduamos!
Ainhoa ha perdido ya dos encuentros.
Hola, Rosa. Sigues siendo la organizadora incansable. ¿Cuándo?
El sábado que viene.
¿El sábado? Yo e Óscar teníamos planeado ir al pueblo a casa de sus padres
No hay problema, lo podemos cambiar responde Rosa con determinación. Ya has faltado dos veces, no lo vuelvas a hacer.
Tenía mis razones
Vamos, Ainhoa, no te pongas excusas y ven, o nos quedaremos sin verte.
¡Vaya, me asustas! se ríe Ainhoa. ¿Dónde quedaremos? ¿En un restaurante?
En el restaurante del centro, ya lo sabes.
¿Y otra cosa?
Vamos a celebrarlo hace una pausa dramática, no lo adivinarás.
¿Dónde?
En casa de Iker.
No es casualidad que aparezca en mis sueños piensa Ainhoa.
Te cuento, Iker ha construido una enorme casa de dos plantas y nos invita a todos.
¿Y su familia? ¿No tendrá esposa que se oponga?
Su mujer está de vacaciones en Turquía con su hijo. Ya sabes cómo son las cosas. Yo estoy divorciada, así que tengo que ir.
Está bien, dime la dirección contesta Ainhoa. Óscar está en el despacho, a punto de salir.
Al salir, Óscar gruñe:
¿Otra vez esos viejos compañeros? ¿Qué no ves?
No los he visto replica Ainhoa. No te pido permiso, simplemente lo hago. Ya estamos en casa, no salimos mucho. A veces me canso de cocinar, limpiar y lavar como una esclava.
Vaya, esclava, no te quejes dice Óscar con una sonrisa. Puedes comprar un vestido nuevo si quieres.
Gracias, lo haré, tengo que verme bien.
Ainhoa piensa en la reunión y, la noche anterior, no logra conciliar el sueño. Ve pasar veinte años desde aquel día de graduación.
Reunión
Ainhoa baja del taxi y, frente a los altos rejas, pulsa el timbre. Un minuto después la puerta se abre y aparece Iker, alto, guapo, con aire respetable.
¡Hola, qué sorpresa! su voz es aterciopelada. ¿Entrarás o seguirás siendo una tímida?
¡Hola! responde Ainhoa y entra al patio.
Iker la abraza y le da un beso en la mejilla.
¡Te ves genial! Más guapa que nunca, una auténtica belleza que asusta exclama.
Al mirar sus ojos oscuros, Ainhoa se sonroja, baja la cabeza y se dirige a la casa; él la sigue, le toma la mano y entran juntos.
¡Vamos, Ainhoita! grita Rosa, corriendo y abrazándola.
Los invitados comienzan a dispersarse, la noche llega a su fin. Al final, todos se sientan a la mesa, se intercambian elogios, las chicas se observan y comentan dónde están sus familias y sus hijos.
Suena la música y Iker invita a Ainhoa a bailar.
¿Y la vida? pregunta ella.
Bien. Veo el mundo con otros ojos. Tengo muchos proyectos, estoy ampliando mi negocio, así que no paro.
Cuando la velada termina, la gente se va. Iker la detiene.
Quédate un rato, ayúdame con esto dice, señalando la mesa.
No sé responde ella, insegura.
¿Y qué no sabes? interviene Rosa. Alguien tiene que ayudar.
Vale murmura Ainhoa.
Cuando todos se han marchado, Iker la toma de las manos.
Lo del postre fue solo un pretexto para que te quedaras
¿Para qué? se inquieta ella.
No lo sé acaricia su mejilla. Al verte comprendí cuánto te he echado de menos todos estos años.
Sus labios rojan su cuello:
Ainhoa, eres eres se quita la chaqueta y la tira sobre el sofá. Imagina, todo me aburre: la esposa, las mujeres que solo buscan dinero, y tú, tan fresca y bonita
Ainhoa siente como si la hubieran escaldado.
¡Mujeres disponibles! Dios, soy solo un pasatiempo para él No, no cambiaré nada de mi vida con Óscar.
Se levanta de un salto, empuja a Iker y sale de la casa. Al cruzar la puerta, su móvil suena; es Óscar.
Cariño, ¿vas a venir? escucha su voz.
No, Óscar, ya he pedido taxi, llegaré pronto contesta, tratando de sonar calmada. Gracias, mi amor, eres el mejor.
Entonces, ¡nos vemos! ríe él.
Llama al taxi y, al subir, oye la voz áspera de Iker a sus espaldas:
Te dije que no te escaparías, ¡quédate como la guapa que eres!
Ainhoa cierra la puerta con fuerza, el coche arranca y piensa:
Que se enfade, que se rinda, que su casa se congele. Por fin me he liberado de su dominio. ¡Para siempre!







