Las mujeres felices siempre están radiantes
Mira, te tengo que contar lo que le pasó a mi amiga Estrella. La pobre lo pasó fatal cuando su marido la dejó tirada. Imagínate, cuarenta años, y se queda sola de repente. Su hija, Alba, estudiando en la universidad en Valencia. Y Manu, su marido, hace dos meses llegó a casa después del trabajo y le soltó:
Estrella, me voy, estoy enamorado.
¿Cómo que te vas? ¿De quién? preguntó ella, sin entender nada.
Pues mira, estas cosas pasan, ¿no? Me enamoré de otra y con ella estoy genial, me olvido de ti. No me lo pidas, tengo claro que me voy le contestó Manu, así, como si estuviera hablando del tiempo.
Ni se lo pensó, cogió sus cosas rápidamente y se largó. Estrella, luego pensando, se dio cuenta de que Manu había ido preparando su marcha poco a poco, iba llevándose cosas de casa y ese día solo terminó de meter lo que quedaba en una maleta y cerró la puerta de golpe detrás de él.
La pobre se pasó semanas llorando, creyendo que ya no le esperaba nada bueno en la vida. Estaba convencida de que su mundo había terminado. No tenía ganas de ver a nadie ni de hablar, pero el móvil no paraba de sonar. Alba la llamaba, también su amiga, la contestaba con pocas ganas y colgaba rápido. En el trabajo tampoco quería hablar con los compañeros; unos le daban pena y otros la miraban con mala leche.
Hasta esperaba que Manu se arrepintiera, que esa mujer que se lo llevó se cansara de él y que él volviera arrepentido. Ella lo perdonaría porque, claro, aún lo quería.
Un sábado, Estrella se despertó temprano pero ni ganas de levantarse. ¿Para qué? Pero después de un rato, se levantó. Cerrando la bata, escuchó el móvil, otra vez, casi a las once. Pensó: ¿Quién me quiere llamar tan pronto? No me apetece nadie, y ni siquiera iba a mirar el móvil, pero de reojo vio que era un número desconocido. Y pensó: ¿Y si es Manu?, igual había perdido el móvil, había cambiado de tarjeta. Se quedó pensando si contestar, y mientras le daba vueltas, ¡el teléfono volvió a sonar!
¿Sí? contestó alto, medio mosqueada.
¡Hola! escuchó una voz femenina alegre.
¿Quién es? preguntó Estrella, de malas.
Estrellita, ¿no me reconoces la voz de tu amiga de toda la vida? Soy Cris.
La decepción fue instantánea, porque esperaba escuchar la voz de Manu.
¿Y qué?
Pero Estrella, ¿qué te pasa? ¿Estás bien?
Pues no, la verdad. colgó y empezó a llorar otra vez.
Se sentó en el sofá, a ver si se calmaba. Media hora después, llaman al timbre, y la esperanza loca vuelve: ¿Y si Manu ha cambiado de idea? Se levanta y abre la puerta.
Y allí está Cristina, la amiga del cole, guapísima, con el pelo perfectamente arreglado y un perfume increíble. Llevaba años sin verse, desde que Cristina se mudó a Madrid a estudiar. En el instituto eran inseparables, se pasaban el día juntas, contándose secretos y yendo de fiesta.
¡Pero Cris, estás espectacular! le salió a Estrella sin pensar.
¡Mujer, siempre he sido así! Es que tú… la miró de arriba a abajo con una sonrisa pícara Bueno, ¿me vas a dejar entrar o me quedo aquí en el pasillo?
Pasa, pasa dijo Estrella, resignada.
Cris no llegó con las manos vacías, traía una botella de Rioja, una caja de pasteles y una bolsa de naranjas. Entraron en la cocina y Estrella sacó dos copas. Cris sirvió el vino alegremente y brindó:
Por este reencuentro, que hacía siglos ¡Y que nunca falte buen vino!
Estrella no dijo nada y empezó a cortar los pasteles. Tras la segunda copa, de repente, a Estrella le salió todo lo que llevaba dentro. Cris escuchaba atentamente, sin interrumpirla, y cuando acabó, solo comentó:
Madre mía, Estrella, pensaba que era algo serio, ¡pero esto no es una tragedia!
¿Que no? A ti nunca te dejó tu marido dijo Estrella.
¡Por favor, a mí no! Fui yo quien se marchó y le di puerta cuando descubrí que tonteaba con una jovencita. Le pedí el divorcio del tirón y él flipando, pensaba que iba a estar ahí tolerando sus cosas.
No sé, igual tú no lo querías tanto
¡Claro que sí! Pero mira, se puede querer mucho y aún así no dejar que te hagan daño. Si te engaña, es que no te quiere y esa relación mejor dejarla.
Jolín, Cris, lo ves todo tan fácil
Es que tú siempre lo complicas, Estrella. ¿Tu hija dónde anda?
Estudiando en Valencia, está con mi tía.
Así que tu ex os dejó a las dos y tú deprimida
Pero lo sigo queriendo
Basta ya, mujer, que te voy a curar la tristeza. Nada de pastillas, hay que cambiar el chip: nuevo look, compras y quién sabe, ¡hasta un nuevo amor! ¿Tienes algo de dinero guardado, alguna reserva?
Sí, teníamos ahorrado para comprarle un coche nuevo a Manu.
Pues que se apañe con el viejo. Tú pedí el divorcio y que no vuelva a verte el pelo. Y, si quieres, hasta reclamamos la mitad por el coche.
No, por mí que se lo quede todo Cris, ¿pero tú has vuelto de Madrid?
Sí, me vine para quedarme, ya está bien. Anda, quítate la bata y vamos de compras, que hay que ponerse guapa. Por cierto, me llamó Rita Castro diciendo que la semana que viene tenemos reunión de antiguos alumnos, ¡ni se te ocurra faltar! Van a venir casi todos, y ya sabes que más de uno de los chicos están solteros. ¿Recuerdas a Víctor, que siempre te miraba desde primero de la ESO?
Por dios, Cris, ¿a quién le voy a gustar yo ahora, con lo trillada que estoy?
¡Estrella, no digas tonterías! Hay que quererse una misma, cuidar ese corazón. ¡Ya verás cómo te dejamos como una potrilla joven! Cris se reía saliendo del piso. Por cierto, ¿te acuerdas de mi tía Caty? Pues se va a casar por quinta vez, y no sabe si quedarse con uno o con el otro. Ya ves, ¡nunca es tarde!
Estrella casi no se reconoce después de la tarde de tiendas: pelo cortísimo, color nuevo, ropa chulísima ¡Estaba increíble! Madre mía, ¡qué cambio! Nunca me hubiera atrevido sola. Pensaba en lo bien que le venía una amiga como Cristina.
La reunión de antigu@s alumn@s fue en un restaurante, vinieron casi todos excepto los que vivían lejos. Muchos al principio no reconocieron a Estrella, pero Víctor, empresario de éxito y con pinta de galán, no dejó de mirarla.
Estrella, estás guapísima, aún más que en los tiempos del instituto. Siempre me gustaste, pero nunca supe cómo decírtelo y tú preferiste a Manu, ¿y él ahora qué?
Se fue. Me dejó, pero ya ves, me siento bien.
¿Que te dejó? No lo puedo creer, ¿cómo se deja a una mujer así?
Pues parece que sí, pero ya ves, todo pasa por algo bueno.
No lo dudo, Estrella. Yo también me divorcié hace dos años. Tenía el negocio mal y mi mujer me echó la bronca y se fue con uno más joven, pero ahora todo me va mejor. Puede que al final haya sido lo mejor.
Un par de meses después, Estrella paseaba del brazo de Víctor por la Gran Vía, salían del teatro y querían dar una vuelta por el centro de Madrid. De repente, vio a Manu caminar solo por la acera. Se habían cruzado por casualidad y Manu parecía no reconocerla.
Parece que la otra no le da de comer bien pensó Estrella. Al pasar junto a él, se miraron y Manu dudaba:
¿Estrella?
Se giró despacio, sonrió y le dijo:
Sí, Manu, soy yo. Mira, te presento a Víctor, mi pareja.
No, no te había reconocido contestó Víctor con una sonrisa, soy el futuro marido de Estrella.
Manu se quedó con la boca abierta y Estrella también, porque Víctor aún no le había propuesto nada.
¿Qué tal? le dijo Estrella a Manu, muy tranquila.
Bien, supongo Nada especial. Es que has cambiado mucho, estás fabulosa.
Estrella sonrió de nuevo, apretó la mano de Víctor y dijo con voz segura:
Es que las mujeres felices siempre se ven radiantes.
Entonces, te va todo bien murmuró Manu.
Claro. Y aún puede mejorar, ya lo verás respondió Estrella, y se marchó con Víctor, sintiendo la mirada de Manu clavada en la espalda.
¿A que parece otra persona? Ya te lo digo, amiga, cuando una mujer vuelve a ser feliz, no hay quien la pare.





