¿Buscabas esto? le tendió la carta.
Nicolás se quedó blanco.
Marina, tú no vayas a pensar mal Verás, esto de…
¿Qué es lo que no debería pensar, Nico? ¿Que la madre de mi marido está viva y entre rejas? ¿Que me tomáis por una ingenua margarita los dos?
Pero dijimos que al menos hasta otoño, Marina, ¡me lo prometiste!
El peque acaba de empezar en la guardería, yo me busqué trabajo cerca
¿Qué ha pasado? Si pagamos siempre a tiempo, no molestamos
No es por vosotros Marina se cortó. Es que tengo que volver a mi piso.
¿Por qué? ¿Te has peleado con tu marido?
No hagas más preguntas, por favor.
Un mes exacto desde hoy. Calculo y te devuelvo la fianza. Perdona
Marina colgó y se arrebujó en la bata. Qué ganas tenía de terminar con aquello…
***
No podía apartar la vista del sobre tirado en la mesa de la cocina. Un sobre del montón, que cinco minutos antes había sacado del buzón junto a algunos folletos y la factura del wifi.
Alejandro solía ser el cartero familiar, pero justo hoy se le ocurrió a Marina mirar el buzón
El matasellos. La dirección de remite. C.P. Madrid VII.
Y el nombre de la remitente: Ramírez Crescencia de la Fuente.
Marina había oído ese nombre un par de veces de boca de su marido, Alejandroera el nombre de su madre. La suegra a la que Marina jamás había puesto cara.
Y ni sospechaba que la mujer que lo trajo al mundo seguía viva.
Yo no tengo a nadie, Marina dijo Alejandro en su tercera cita, calentándose las manos con un café aguado en el bar de la esquina, después de chaparrón. Mi padre se fue antes de que yo naciese. No sé ni cómo era.
Y mi madre Se fue cuando yo tenía veinte. El corazón. Así que básicamente soy como el bandolero: sin nadie, por libre.
¿Ni tíos, ni tías, ni nada? le dio tal ternura que casi se echa a llorar.
Bueno, ahí estará perdido algún pariente en León, pero no trato. Mejor así. Sin dramas familiares ni sopas los domingos en casa de tu suegra. Solo tú y yo.
Marina había pensado entonces: ¡Menudo tipo fuerte! Lo ha pasado fatal, pobre Y aquí está, tan cariñoso.
Le cobijó con el mimo de quien intenta compensar todo lo que la vida le recortó.
Luego vino la boda, modesta y entre íntimos.
Por su lado, los padres y un par de amigas; por el suyo, solo Nico, el mejor amigo de la infancia, mudo y huidizo toda la noche.
Lo atribuyó a la timidez natural. Ahora entendía que Nico temía largar más de la cuenta.
¿Dónde la enterraron? medio año después de casarse, Marina lanzó la pregunta. Podríamos ir a poner flores, ¿no? Al fin y al cabo era tu mamá
Alejandro se revolvió incómodo, empezó a colocarse la camisa.
Lejos, en un cementerio casi cerrado de la sierra. Ya iré, no te preocupes. No quiero llevarte, es un sitio cargado de mala energía. Mejor pensar en los vivos.
Marina lo creyó. Tonta de mí…
***
La puerta se abrió, Marina sobresaltada escondió el sobre en un cajón y lo tapó con cupones de supermercado.
¡Hola, amor! la voz de Alejandro llegó vital y cálida. ¿Nuestro campeón cómo se ha portado?
Entró a la cocina, fue a besarla en la cabeza, pero ella se apartó.
¿Te encuentras mal? la examinó torciendo el gesto. ¿Otra vez Ignacio no te deja dormir?
Anda, me cambio, lo traigo yo y tú échate una siesta. Te preparo la cena.
No hace falta, no tengo hambre. Oye, hoy trajeron el correo
Se quedó helado un instante, pero Marina lo captó.
¿Sí? ¿Otra factura?
Facturas. Publicidad o algo… y nada más.
Suspiró, visiblemente aliviado.
¡Perfecto! Me voy a lavar las manos y a ver a mi niño, que le echo de menos.
Marina lo miró alejarse. El hombre con quien compartía vida, rutina y una mentira de campeonato.
Considera que soy huérfano, decía.
Pero desde la cárcel de mujeres llegaba carta de Crescencia de la Fuente.
¿Estará ahí por asesinato, robo, estafa? ¿Le quedan años de condena?
Marina se imaginó a la perfección la escena: dentro de un par de años, suena el timbre, abre y se encuentra a una señora con mirada de presa y pasado detrás de los barrotes.
Y soltando: Buenas tardes, hijo, buenas tardes, nuera. ¿Dónde está mi nietecito? Me quedo a vivir aquí con vosotros.
No le preocupaba por ella misma, sino por Ignacio. ¿Cómo crece un crío con una abuela expresidiaria? ¿Cómo dejarle acercarse a una delincuente?
Marina, ¿quieres un té? gritó Alejandro desde el salón. En el Día hay ofertas de pañales, encontré panfleto en el cajón.
Ella no contestó. Ya tenía el móvil en la mano revisando el saldo de su cuenta.
Debería bastar para empezar. Piso en otro barrio, sí.
Los inquilinos se irían en un mes. Con aguantar ese mes, luego ya mejoraría todo.
***
Alejandro se fue a trabajar, no sin antes dar mil besos a Ignacio, prometiendo volver antes.
Marina contemplaba la escena con un asco creciente. ¿Cómo podía mentir así? ¿Es que eso siquiera se puede perdonar?
Cuando se quedó sola, sacó la carta. Las manos le picaban por abrirla y leer, pero tenía miedo.
¿Y si, al leerla, ya no podía irse? ¿Y si?
No, se dijo. No importa lo que ponga. Lleva dos años mintiéndome.
Sonó el timbre. Marina dio un respingo. ¿Quién era ahora?
Los padres avisan siempre antes. ¿Amigas? Miró por la mirillaNico en el descansillo, inquieto y mirando al ascensor.
Abrió la puerta.
Nico, Alejandro está currando.
Lo sé, Marina empezó a balbucear, manos en los bolsillos. Pasaba por aquí… ¿Ha dejado Alejandro las llaves del trastero?
Decía que estarían en la entrada.
¿Llaves? alzando la ceja. No he visto ninguna. ¿Seguro que están aquí?
Eso dijo Bueno, Marina, Alejandro me pidió recoger algo del buzón. Miré y estaba vacío. ¿No recogiste el correo hoy?
Sí. ¿Por?
Nico tragó saliva.
Por nada. Esperamos una pieza para el coche, a ver si había notificación
Marina volvió a la cocina, agarró el sobre gris y se presentó de nuevo ante la puerta.
¿Es esto lo que buscas? le enseñó la carta.
Nico perdió todo el color.
Marina, no te creas Alejandro que
¿Que de qué no debería darme cuenta, Nico? ¿Que la madre de mi marido está vivita y coleando en la cárcel? ¿Que me habéis tomado por una panolis?
¿Que tengo un hijo con un hombre cuya familia es un secreto de Estado?
Solo quería que fuese feliz se aceleró Nico, casi susurrando. Una vida normal, sin rollos macabros. La madre lo destrozó. No hacia daño Solo quería protegerte.
¿Protegerme?ironizó. ¿Cómo se borra a una madre de la memoria? ¡Vaya manera más noble!
Me quitó el derecho a decidir qué familia era la mía.
¡Qué familia ni qué niño muerto! Nico hizo un aspaviento. Solo está ella y sus historias.
Anda, dame la carta. Ni la habrás leído. Se la doy a Alejandro. Él te lo cuenta.
Vete, Nico Marina, cortante. Y la carta se la da Alejandro, que es para él. ¡Y de mis manos va a recibirla!
Y le cerró la puerta en las narices.
***
El día fue una neblina. Marina preparó papillas, paseó el carrito, pero el runrún no la abandonaba.
¿Qué llevar? El capazo, los papeles, algo de ropa. De los muebles, que les den.
En su piso del barrio de Carabanchel al menos tenía un sofá-cama y un armario. Más que suficiente.
A las seis, tranquila como si nada.
Puso la mesa, hizo la cena, acostó al pequeño. Y esperó.
Huele a gloria Alejandro intentaba modular el tono, como si nada. Mira el móvil nuevo que le he traído a Ignacio. Tiene nanas.
Marina lo miró sin decir palabra. Encima de la mesa el sobre. Alejandro lo vio y abandonó el teatro.
¿Lo encontró Nico?
Lo encontré yo. Nico vino a buscarlo por tu encargo, pero saliste mal parado.
El marido cayó en la silla, hecho polvo.
¿Por qué, Alejandro? ¿Por qué dijiste que había muerto?
Para mí murió hace doce años miró a los ojos, lloroso. Cuando la metieron la primera vez. Luego salió medio año, a la cárcel de nuevo.
Tú tienes padres genialesun ingeniero y una maestra. No entenderías las cosas que hacía. Era una farsante profesional. Una estafadora.
¿Y eso te dio derecho a engañarme año y pico? Marina estalló. ¿No ves que así has destrozado mi confianza?
Tenía miedo de perderte. ¡Habrías salido corriendo! Ufff, que viene de casta carcelaria
Quería que Ignacio creciera en paz. Preferí el cuento del huérfano.
Pues ahora crecerá con padres divorciados sentenció Marina.
Alejandro se quedó helado.
¿Qué? ¿Cómo? Marina, ¿por esto? ¿Por la carta?
Porque no te conozco. Si pudiste inventar la muerte de tu madre con esa sangre fría, ¿qué más ocultas? ¿Quién es tu padre, también un presidiario?
No digas bobadas
No son bobadas. He avisado a mis inquilinos. En un mes me mudo. Mañana tramito el divorcio.
Alejandro suplicó, lloró, se arrodilló, imploró por el bien común.
Pero Marina estaba convencida. No iba a volver atrás.
***
Se mudó cuando el piso quedó libre. Ella y su niño. El divorcio se firmó; Alejandro insiste aún en reconquistarla. No entiende en qué falló: ¿no estaba protegiendo lo suyo?
Ve a su hijo cuando quiere, paga todo con puntualidad. Solo que conseguir el favor de Marina no hay manera. Volver con él ni pensarlo.







